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sábado, junio 02, 2007

La dama de Argón.

Reino del Dolmen, Bosque Umbroso, 1315

Misiva a la Reina Filósofa sobre la dama de Argón.

Querida Reina:
Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.
Si notas en mis palabras frases negativas y maledicientes es porque en este momento me estremece un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en este estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto, mi alma, mi persona toda.
Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿Cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno (llamémosla Estúltica de Argón (ya conoces mi predilección por las esdrújulas)) que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, que nuestras almas son cercanas y se acoplan, que nuestras energías son especulares; si sé que las frases mismas (lo sé de seguro) serán tomadas como una invitación al miedo. Sí, decir las cosas como son (no como deben ser) asusta de forma inmisericorde a las personas.
Ya habíamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patológico ritual al cual está (están) acostumbrada (acostumbradas) sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisión, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia y el conocimiento personal.
Por ende, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento por ella no soportara estoicamente.

En fin, engañarla del modo más artero para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.
¿Y qué crees? Pensé (verbo en tiempo pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la fábula") que ella era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en la corte la habían forjado con acero diferente.

ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso): esta apertura y claridad de mi parte la tomó (a ella) primero por sorpresa y después la percibió como acoso y la asumió con sufrimiento, llegué a sentir su temor, y todo esto por hablarle llanamente de mis sentimientos y pensamientos hacia ella.
El resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó, inmisericorde, lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontró frases que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".

“Explica, plica, si la verdad radica o la disculpa aplica” sería el lema de nuestra misiva que de pasional no sé si sea entendible.

Espero tu pronta respuesta que refrescará mi mente enferma con tus frases que se vuelven perlas y tus caricias que son tan amorosas (espero que esta frase no te haga brincar como a la interfecta) donde, ya al recibirte en palabras, mi descanso se vuelve apetecible y apacible.

Autárquio de Crimea

Arturo Herrera ©



Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".

Querida:

Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.

Si notas en mis palabras frases negativas y maledicentes es porque en este momento me sobrecoge un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en esta estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto.

Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, si la frase misma (lo sé de seguro) será tomada como una invitación al miedo, si decir las cosas como son (no como deben ser) asusta inmisericordemente a las personas.

Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".

Querida:

Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.

Si notas en mis palabras frases negativas y maledicentes es porque en este momento me sobrecoge un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en esta estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto.

Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, si la frase misma (lo sé de seguro) será tomada como una invitación al miedo, si decir las cosas como son (no como deben ser) asusta inmisericordemente a las personas.

Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".

Querida:

Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.

Si notas en mis palabras frases negativas y maledicentes es porque en este momento me sobrecoge un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en esta estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto.

Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, si la frase misma (lo sé de seguro) será tomada como una invitación al miedo, si decir las cosas como son (no como deben ser) asusta inmisericordemente a las personas.

Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".



Querida:

Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.

Si notas en mis palabras frases negativas y maledicentes es porque en este momento me sobrecoge un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en esta estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto.

Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, si la frase misma (lo sé de seguro) será tomada como una invitación al miedo, si decir las cosas como son (no como deben ser) asusta inmisericordemente a las personas.

Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".



Querida:

Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.

Si notas en mis palabras frases negativas y maledicentes es porque en este momento me sobrecoge un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en esta estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto.

Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, si la frase misma (lo sé de seguro) será tomada como una invitación al miedo, si decir las cosas como son (no como deben ser) asusta inmisericordemente a las personas.

Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".



Querida:

Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.

Si notas en mis palabras frases negativas y maledicentes es porque en este momento me sobrecoge un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en esta estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto.

Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, si la frase misma (lo sé de seguro) será tomada como una invitación al miedo, si decir las cosas como son (no como deben ser) asusta inmisericordemente a las personas.

Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".



lunes, abril 30, 2007

Armada.

xxxxxxxxxx

Querida Amiga:


Hoy tengo que contarte sobre mi reconciliación con Armada.


Después de la hecatómbica diferencia que tuvimos en días pasados, dejar de hablarnos por al menos una semana y sufrir sus arrebatos (cosa que se vuelve cada día más frecuente) esta mañana amaneció generosa.


Y tú ya sabes lo que eso representa; el permitirme deslizar mis dedos sobre su coraza sin hacerme sentir culpable por las rápidas salidas al café; sentir esa energía que emana de su cuerpo y el sonido bajo y gutural de su respiración; tocar con parsimonia esos sus lugares donde (tu y yo sabemos) se enciende, para permitirme con tacto renovar nuestro diálogo (a veces monólogo); descorrí con sumo cuidado sus compuertas y mis dedos aletargados por semanas descubrieron sus lugares profundos.


El fluido ahí era tangible, las ráfagas energéticas salían despedidas como fuegos de artificio, pero yo sabía (me imaginaba, lo presentía) que este acercamiento mejoraría nuestra deteriorada relación, tome el adminículo y con sumo cuidado (con guantes para evitar desenlaces fatales) lo inserté con fuerza y con cuidado en su ranura, se encendió de inmediato con un sobrio siseo de tono bajo (el sonido de un minino cuando es feliz) diferente por completo al usual.


Voilá, las señales en su faz mostraban que llegaba cada vez más alto, más alto, fue sensacional, mi sudor se convirtió en placer y al final marcó.


Si, marcó 1028 megabytes (un giga) en su memoria RAM.

ah

viernes, diciembre 22, 2006

Presuntuoso.

Tal vez parezca presuntuoso pero tengo que decirlo, desde hace algunos años, estoy instalado en la felicidad.

Y a pesar de los amores, el dinero, la familia, la política (en estricto orden alfabético) sólo me es posible acrecentarla; cada pequeña parte del inmenso rompecabezas, que es la vida, se encuentra cómodamente en su lugar.

Repaso mis bienes, añoro la aventura, sueño con las metas todavía sin alcanzar y recuerdo, a veces con tristeza, los amores pasados y las pérdidas amadas. Pero todos estos pensamientos me demuestran que hoy es el mejor momento. Sin dudas el mejor.

Me impele la paz y la dulce nostalgia a buscar personas y amigos del pasado, relatarles mi amable descubrimiento de la felicidad, llenarlos con la risa y la alegría; muchos han recibido mi desplante con agudos, retorcidos y amables comentarios, ha sido como hablar con alguien que nos visitó ayer, olvidó su paraguas en la puerta y vino a rescatar palabras y aditamento.

Pero también me he llevado grandes decepciones, el reseco personaje que le parece inmaduro mi comportamiento, la exhermosa que perdió su encanto con las primeras huellas del devenir añoso, el avaro de emociones que sólo ríe de los demás y nunca de si mismo.

Los hay cómodamente instalados en su vida ya que los dolores y pesares están bien entendidos; los que viven a toda carrera en busca de su premio y de su grial, buscadores eternos; los que han hecho del trabajo su báculo y su reino poco amistosos pero muy competitivos.

Los hay perfectamente ateos que rezan pertinazmente sin darse cuenta, los que buscan en lo intangible la respuesta a sus plegarias y lo saben, los materialistas prófugos que robaron parte de su vida, los acéticos del verbo y del entorno, los estoicos que todo lo guardan en la mochila que cargamos día con día y la fanáticos que con gran artificio sólo se convencen a si mismos.

Este microcosmos que conforma mi pasado es imagen del mayor que vuelve desdeñoso a cobrar su renta periodo por periodo. Pero todos estos pensamientos me demuestran que hoy es el mejor momento. Sin dudas el mejor.

El mismo impulso, ahora, me lleva a buscar nuevos amigos y para hallarlos recurro a artificios y artilugios, la era de la comunicación me ha ayudado, los lugares de búsqueda y de respuestas amistosas han sido el lugar de encuentro.

Y pasa lo mismo con los virtuales, los hay amables, dulces, rudos y hasta quijotescos. Y siempre existen algunos sin alma que sólo buscan el abuso y el escarnio; desalmados la rueca sólo deshila en un sentido y si forzan al amor cambiará el ritmo del azar y nadie quiere eso.

Sin importar la latitud, lo que mayormente he encontrado son personas amables y amistosas que describen letra a letra sus expectativas y su experiencia; sus sentimientos, sus alegrías y sus tristezas con los mismos miedos, inquietudes y dolores que en cualquier otro grupo de personas; tenemos exactos, puntuales, desérticos, selváticos, amorosos, poetas, profetas, odiosos, enamorados y rufianes. Como cualquier en lugar, como en cualquier país, como en cualquier planeta.

Y si logro encontrar una o varias almas afines seré más dichoso; el esfuerzo, la búsqueda y tratar de afianzar con alfileres la amistad hasta que se sostenga por sí misma habrá valido la pena y el trabajo.

P.D. La búsqueda va ya muy adelantada; encuentro en el presente y el pasado almas amables, dulces, amorosas para compartir en mi futuro y la cuenta se incrementa día con día.

ah

martes, noviembre 21, 2006

Hoy me encontré con la tristeza.

Querida:

Hoy me encontré con la tristeza y no podía explicarla.

Hasta el día de ayer con los normales, pero nimios, momentos de decepción mi vida transcurre lenta y tranquila.

Los deberes y los gustos caminan paralelos lo que evita desordenes y molestias.

Te siento y te hablo a diario y eso aunque parece muy sencillo me decanta, determina mi proceder cansino y produce sutiles pero importantes cambios en mi comportamiento.

Las dificultades económicas dejaron de serlo hace mucho tiempo, como decía el maestro, deseo poco y eso que deseo poco lo deseo muy poco, entonces tampoco es motivo de disgusto.

Mi sueño y mi vigilia, estructurados, no producen aspavientos, caminan lentos y suaves sin motivos de alerta.

La enfermedad y yo hemos hecho un acuerdo, no mortifico demasiado al cuerpo y al espíritu (esa mi promesa) y ella no acomete ni requiere que realice perentoriamente una visita al médico (es la suya).

Vivo así, cómodamente, en la mortecina luz de mis recuerdos, de mis pocos deberes y mis muchos amores.

Agradezco al dios del cual hablabas; me permita leer, en ocasiones escribir, ver cine o escuchar música (en vivo o con los artilugios tecnológicos), caminar para visitar amigos (el bastón es más protección que necesidad) o que ellos tengan (y encuentren) suficiente fuerza para visitarme un par de veces cada año.

Pero hoy me encontré con la tristeza y no logré descubrir hasta muy tarde el porque de su aparición dolosa.

Hoy no pude atrapar sin ayuda tu recuerdo, recurrí al retrato que duerme junto al mío, al cuadro del pintor amigo que dibujaba tu alma y no tu efigie, a las caras de Brígida y Beatriz (nuestras pequeñas niñas) que son tu cara, tu ángel y tu sonrisa, al registro gráfico de nuestros pocos años que se encuentran todos en el antepecho del hogar, a la memoria no, por traicionera, que hasta hoy era mi confidente y era mi amiga.

Hoy fue el primer día desde hace treinta y cinco años, que te perdí en el parto, que requiero ayuda para recordar tu rostro.

sábado, noviembre 18, 2006

Página en blanco.

 

Hoy he estado frente a la página en blanco varias horas y no sé como decirte que te quiero.

Suena el teléfono y la idea genial que ya venía; se fue sin miramientos.

¿Es qué los banqueros no entienden de prudencia?

Sí, ya los sé, exagero; y mi exacerbado mal carácter aflora en el peor de los momentos.

Cada vez que me siento ante esta página, algo perturbador sucede, se declara la huelga nacional, se derrumba el edificio de moneda, rompen vidrios los niños del vecino.

¿Y yo?
¿No puedo ser indiferente?
¡Tengo qué mantenerme ecuánime!

Cuando estoy alterado no hay creatividad, hoy he estado frente a la página en blanco varias horas y sólo salen frases sin sustento.

Vomito estulticias, acometo verbos que se mueren en las teclas, los adjetivos sólo muestran la pereza y tú, mi sustantivo, permaneces callada como alma que no encuentra el paraíso.

¿Cómo decirte que te amo?
Sin parecer plagiario.

¿Cómo decirte que te extraño?
Si acabas de salir para el trabajo.

¿Cómo decirte que me dueles?
Si al hablarte me miras con esos ojos dulces que lastiman.

¿Cómo utilizar palabras?
Si todas las que sé parecen desvaídas.

¿Cómo colocarte velos?
Si el tarasí de Córdoba rompió sus instrumentos.

¿Cómo describirte bellamente al mundo?
Si al mirarte quedo mudo y sin aliento.

Hoy he estado frente a la página en blanco varias horas y no sé como decirte que te quiero.


viernes, noviembre 17, 2006

Desde la última comunicación



Querida:


Desde la última comunicación sufro el peso en mi espalda del incontable tiempo, es tal vez, el lapso más lento que me ha tocado vivir, la relatividad (dichoso Alberto) es una constante en la vida; evidente contradicción.

Descubro que casi todo lo que dice la gente (yo incluido) parece contradictorio, ya sea, en el sentido de la frase o, como es costumbre, en el sentido de la vida.

El intenso y casi desbordante camino de la vida es sin lugar a dudas enajenante, si no, como te explicas que todos, o casi, corran sin medida sólo para encontrar la muerte.

Noto en los vecinos (de cualquier clase; de asiento en el transporte, en la espera del doctor o cuando te detiene un semáforo) la crispación de la prisa, el ansia de llegar lo más rápidamente posible a la nada.

Ya intuiste, como acostumbras, mis más recientes actividades; viajé en transporte público para llegar a una feria, visité al doctor (todo está bien, es únicamente el paso del “despreciable” lo que me hace visitarlo) y sí, manejé el auto de mi hermana (por cierto, no te parece extraño (lo menos) que tenga auto y no sepa manejar) para descubrir, de nuevo, que esta ciudad es intransitable.

No pienso dedicar más que una sola palabra a la situación política: mierda (lo siento, amor).

Prometo, en la medida de mis posibilidades, visitarte con mayor frecuencia, pero sabes que un hombre solo y con bastón en este desolado panteón es demasiado apetitoso para los ladrones.


Te amo y no te olvido.

ah