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sábado, noviembre 01, 2008

LA LUPA

Si observo mi obra, casi todo está hecho, todo es sincrónico y dúctil. Pero en algunos instantes algo parece desencajar, algo atora el mecanismo y lo lentifica. Es en esos momentos que tomo mi lupa, la lupa universal, y escudriño en lo minúsculo.

Acerco mi vieja cara al artefacto, oigo y observo.

 

Con lentitud mi lupa magnifica lo pequeño, descubro esos seres que deambulan en fila uno detrás de otro, ese nido evita el buen funcionamiento, amplifico más para hacer individuales los amasijos de vida y descubro que son muchos más de los que imaginaba, veo su devenir que parece caótico y comienzo a percibir el murmullo que producen.

 

Me acerco, los veo reunidos y su ruido se va haciendo inteligible. Escucho atento.

 

▬ Padre nuestro que estás en los cielos…

miércoles, julio 30, 2008

Vocales

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¡Que todos los niños
estén muy atentos,
las cinco vocales
van a desfilar!
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“La marcha de las letras”
Francisco Gabilondo Soler “Cri Cri”

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Signo perdido (a)

Me descubro unido con el peñón, el nuevo embrujo fue enorme y rudo, mover el cuerpo sin sufrir el recorrido duele, duele mucho.
El declive no es muy obtuso, puedo subir lento e introducirme en el primer orificio que encuentre, pie con pie, pedrusco sobre pedrusco, todo mi cuerpo se funde con el muro y siento el rocoso sudor, el sufrimiento. Lo encontré.
Mi gemelo se percibe preso desde los huesos, el conjuro que lo envuelve es de preceptores, existen numerosos hechizos que puedo esgrimir. No deseo herirlo.
Dirijo el índice con pulcritud, pido que todo se solucione bien y nombro el sortilegio - “Zemposúchil”
1- todo se obscurece, todo se pierde, es un hecho.
Mi heterónimo es libre por fin y si deseo conocer su derrotero sólo se requiere leerlo, mi Némesis fenece cien veces con dolor, lento y seguro. Hoy el signo perenne de mi frente dejó de existir.

1.- Cempoalxochitl (náhuatl): veinte flores -- Cempasúchil: flor del día de muertos

Dádiva divina (e)

Como antaño, Isaac, subió por la misma ruta a la montaña para hablar con su dios, los signos y las palabras así lo indicaban. Las ironías pasadas no lo lastimaban, la antigua duda no lo afligía, ahora, tomaría la dádiva divina.

Aguardó, aguardó y aguardó, acostumbrado a sus ruidosos arribos, a sus nuncios; ya imaginaba su aparición triunfal, los sonidos y las fanfarrias para ilustrar su vigor ultra humano.

Aburrido, imaginaba la cualidad otorgada, un adminículo con magia, un visor adivinatorio, un don para agudizar su vivacidad, un artilugio para dominar almas. Así pasaron minutos, muchos para Isaac, y nada.

Dormitaba y soñaba con los mayúsculos trabajos a cumplir, cómo narraría su aproximación al dios, cuándo mostraría su dádiva astral.

- ¿Isaac?
- Sí, mi dios.
- ¿Listo?
- Sí, mi dios.
-¡Ábrala!

La caja abrazaba a una tablilla con la inscripción “E”.
La dádiva divina.


Amuleto (i)

La mañana del sábado pasaba lentamente en el arroyo, las aguas calmas dejan ver el fondo, algo verdoso destella en lo profundo, me zambullo como flecha hasta el fango para tomar este metal de forma recta. Salgo para encontrar una extraña lanceta en las manos.
Creo que es un objeto sacro, que me protegerá de la maldad, que será amuleto ante la mala suerte y lo coloco, colgado, en el espejo del auto de renta que conduzco.
Paseo mañanas y tardes seguro con este objeto, es patente que posee una naturaleza de portento.
Una noche, sube al carro una hermosa mujer que se enamora del metal, me ofrece pasta por él pero no acepto, me ofrece más y no me someto, baja con el enojo alojado en su pecho. No puedo más. La llamo y le ofrezco un trato.
Su cuerpo por el objeto. Su objeto de deseo por el que ahora me consume.
Me ve con ojos alegres y juguetones y hace fuego con un arma que me destroza la cabeza.
Negrura.
-¡Todo por este objeto de metal que me gustó tanto! - especula la mujer al alejarse del auto con el amuleto.


Azul (o)

El azar camina lentamente y alcanza siempre a las almas intranquilas, se desenvuelve y sale; cambia las circunstancias, se acumula, rueda y se agiganta, así causa la hendidura, fragmenta la inercia, estalla en miles de piezas. Al despertar entendí.

La vivienda era azul, de un azul resplandeciente, la luz se filtraba desde una abertura en la techumbre cubierta de cristales disímiles que hacían difícil calcular su medida. Me sentía atrapada.

¿Y la rueda blanca? Trataba de pensar y las imágenes se negaban a aparecer, libre de ideas la duda dejaba de existir.

Llegué hasta la barranca, me señalaban en la lejanía alguna entidad que percibía débilmente hasta que la vi, espantaba la ausencia de líneas, una bruma gris que caminaba hacia mí.

Grité, grité hasta cansarme y fue inútil. El ente me tragaba entera y, para mi demencia, sin sufrir.

El azar camina lentamente y alcanza siempre a las almas intranquilas, se desenvuelve y sale; cambia las circunstancias, se acumula, rueda y se agiganta, así causa la hendidura, fragmenta la inercia, estalla en miles de piezas. Al despertar entendí.

Nunca más experimentaré pastillas circulares (nuevas substancias) sin amigas y en el retrete de un bar.


Diva (u)

El aposento era el caos, el olor a tabaco y alcohol desbordaba, el final de fiesta siempre es desordenado. Sobre la cama el movimiento acompasado revelaba el hondo dormir de la cantante.

Esta habitación representaba la realización de mi más anhelado deseo, la intimidad con la gran diva; tocarla, besarla lento toda la noche, ahora la poseo. De frente a ella, en el sillón, observo casi extático ese movimiento hipnótico, la hermosa anatomía crece y decrece al ventilarse, la cabellera negra derrama brillos animales, los pies al abrir y cerrar los mínimos dedos acompañan a la respiración con ritmo erótico, el sexo emite aroma de almizcle y tierra prometida.
Algo falta, ese extraño sentimiento de vacío, de cajete, de dolor prometido por trabajo, de presencia perdida, de cadáver. Sólo eso falla, ese ligero espacio para cerrar la brecha y encontrar el ambivalente, amargo y acaramelado sabor de la separación.

El ritmo decae y abres los ojos, la claridad verde me invade y evita mi pensamiento; estiras felina el torso, dos ojos más (ahora rosas) me lesionan; la sábana al caer te revela silenciosa y fenezco; caminas adormilada hacia mi y me besas; ya no soy me pierdo en ti, esta presencia me absorbe y me desvanece.
Así, al final, el sonido del diapasón nos permitió encontrar la clave faltante; cantas para mí al amanecer, la vida es sólo de nosotros, irresponsables.


Nota: Los cinco textos ya están colocados aquí (en el blog) en diferentes fechas, pero nunca en conjunto y esa es la forma en que fueron concebidos. Sólo poseen una cosa en común: en cada uno de ellos se omitió una de las vocales (la señalada entre paréntesis).
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Arturo Herrera ©

miércoles, julio 23, 2008

Odisea, el epílogo

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De frente al mar y con las piernas cruzadas sobre el taburete, Ulises observa como las llamas devoran los restos del barco que lo devolvió a su patria. Todos los recuerdos de esos veinte años se consumen en la pira. De frente al mar imagina su nuevo futuro.

Penélope es autoritaria, gobernó con mano firme y la regencia la cambió en lo básico, dejó de ser sumisa para convertirse en mariscal, lo hizo tan bien sin él que logró mantener el reino, de ella, fuera del alcance de los buitres.

Veinte años de lejanía lo hicieron guerrero y marino y a pocos días del regreso, restaurado su poder y el matrimonio siente el escozor en las plantas de los pies, ese prurito que impele a caminar, a zarpar de nuevo, a vivir.

Aplacado el demonio de la venganza, el rencuentro nocturno fue hermoso, ya no recordaba los detalles del cuerpo de su esposa. En el nuevo, las curvas descienden presurosas hacia los íntimos pliegues que resuman humedad, los pechos heroicos, enhiestos y abundantes, la boca jugosa que brinda abrigo y lanza frases incomprensibles en el idioma de la pasión. Son veinte años de sueños y se reconocen como extraños, se arrinconan en la memoria para descubrir a estos amantes extranjeros que se han apoderado de sus nombres y de sus cuerpos.

¿Qué hacer con este sentimiento de pérdida que se acumula como las cenizas en el fondo de la hoguera? ¿Ya no saldrá al mar? ¿Caminará en tierra firme hasta el fin de sus días?

No podrá permanecer mucho tiempo aquí. Ítaca se vuelve, a pocos días del ansiado regreso, un lugar de destierro, un lugar donde yacer fuera del mundo, fuera de la vida, fuera de su ser.

Mañana, mañana partirá a otras tierras, a fundar la historia. Ulises el héroe.

viernes, julio 04, 2008

Declaro la guerra



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Declaro la guerra en contra de... China.

Los niños congregados alrededor del círculo dibujado con gis sobre la calle, con escaques periféricos cada uno con los nombres de países conocidos, salen corriendo como rayos de una rueda invisible y a velocidades distintas emergen del centro como el universo después de la pequeña partícula.

▬ STOP ▬ dije, y todos se detuvieron, Blanca la niña de la trenza amarilla y motivo de mi distracción era la más lejana y grité ▬ ocho para Rusia ▬ e inicié a contar los pasos que me separaban de ella. Uno…dos…tres… …siete y ocho. Aterricé sobre su pie y pegó un chillido enorme y preguntaba.

▬ ¿Por qué siempre me lastimas? ¡Te odio! ▬ y salió despedida para su casa. Los ojos de sus hermanas me taladraron la espalda pero ya estaba hecho.

* * *

▬ Declaro la guerra en contra de… Maui.

Blanca y sus hermanas salieron disparadas y nosotros quedamos con la boca abierta ante las apariciones suscitadas por el vuelo de sus pequeñas faldas.

▬ ¿Ya te invitaron a sus quince? ▬ preguntó Alberto.

▬ Ya, su mamá me adora desde que le doy clases de álgebra ▬ respondí.

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▬ ¿Binomio cuadrado perfecto?▬ le pregunté con descaro.

▬ ¡No sé, ya te lo dije!

▬ Me debes un beso ▬ y mi manos buscaron con rapacidad sus piernas, su cintura, toda ella ▬ ¿Binomio de Newton?

▬ ¡No sé!

▬ Otro beso y ya van dieciséis, Blanca, a este paso nunca vas a terminar ▬ le dije amablemente mientras deslizaba con habilidad mis manos por debajo de su falda.

▬ ¿Por qué siempre me lastimas? ¡Te quiero!

* * *

▬ Y yo los declaro: Marido y mujer.

Ese fue el inicio de las hostilidades.

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Arturo Herrera ©

sábado, junio 07, 2008

Bajo el puente


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▬ ¿El chupacabras es una especie de vampiro tercermundista?

▬ No amigo, es un espejismo del hambre.

▬ Entonces, ¿no le tienes miedo?

▬ Qué puede comer, estoy en los huesos ▬ fue la respuesta de Romualdo mientras acomodaba sus cartones debajo de este puente desvencijado y cantaba ▬ un cartón hacia el norte para evitar el frío, otro debajo de mi cuerpo para la humedad del amanecer y un tercero lleno de periódico donde hacer mi nido.

▬ Soy nuevo en esto Romualdo y los rumores dicen que este “espejismo”, como tú dices, se come a las personas sin hogar.

▬ Entonces estamos salvados ya que nuestro hogar es el cielo estrellado.

▬ ¡Hablas tan raro!

▬ Es culpa de la universidad

▬ ¿De verdad eras profesor de matemáticas? ¿Qué te pasó?

Me aburrí de los alumnos mediocres y ahora tengo tiempo para leer poesía.

▬ ¿Pero, por qué?

▬ Me hacían preguntas estúpidas, como tú… comprenderás.

▬ Oh… ¡Ya!

▬ De verdad, las preguntas eran tantas, tan estúpidas y tan frecuentes que perdí el interés y comencé a responder lo primero que se me ocurría. Al principio fue divertido y me reía todo el tiempo pero esto molestaba a los alumnos y se hartaron. Descubrí que los profesores dependen de la buena voluntad de los alumnos.

▬ Te acusaron.

▬ No, en la evaluación semestral quedé mal calificado.

▬ ¿Te despidieron?

▬ No, primero vinieron las preguntas de los profesores, de los rectores y como eran estúpidas seguí el mismo patrón.

▬ Ah, ¿y qué pasó?

▬ Lo lógico, me mandaron a descansar y me pidieron que visitara a sicólogos de la misma universidad.

▬ ¿Y?

▬ Mismas preguntas, mismas respuestas.

▬ ¿Y te despidieron?

▬ No, me despidieron cuando les dije que yo inventé al chupacabras.

jueves, mayo 15, 2008

Las botas II


Sonó el teléfono celular de Dolores y nos avisó a voz en cuello ▬ Es la Britney, tírenle las llaves para que suba.

Justo en el momento que se nos informaba la llegada del escote corrí por el pasillo a gran velocidad para alcanzar el llavero antes que todos y llegué al límite para cruzar la sala y dirigirme al balcón. Me parecía escuchar el rechinar de los dientes del viejo al deslizarme en silencio con mis botas sobre el parquet recién pulido.

Salí al balcón a toda prisa para poder observar desde aquí arriba los pechos de la niña, tal vez, con demasiada prisa. Comencé a sospechar que algo estaba mal al golpear el barandal con la cadera sin detenerme en ese momento, giró el mundo y yo con él. El intervalo que duró mi recorrido hasta el suelo se amplió con cada segundo y me dije ▬ Gómez estás jodido.

Desde treinta metros sobre el suelo podía verme así, con botas, chiquito y ensangrentado. Hacia la derecha, el viejo y el Pecas, con ojos de espanto, trataban de encontrarle sentido a mi mágica desaparición, la Britney, abajo, emitía aullidos descontrolados que, desde mi posición estratégica, permitían ver el vaivén de sus generosos pechos. Dolores llegó al balcón y con extraños movimientos de las manos limpiaba sus lágrimas y recordaba, quizá, las últimas dos semanas de amor desenfrenado.

La vida era fácil, morir lo fue más.

sábado, mayo 10, 2008

Cuarteto

Noche Vieja

El frío era todo, adormilaba.

Cerrada hasta las cañas la tapa aún dejaba pasar el aire; allá arriba en la cocina se escuchaba el ajetreo normal para un festejo de noche vieja; aquí abajo en la coladera, en el albañal, Crucita se pegaba al tubo de agua caliente para recibir su calor y transmitírselo en míseras gotas de calostro a Junito que nació el 24 y todavía no lloraba.

Chema buscaba en los despojos algo comestible y encontró una botella casi llena y con el corcho roto, la etiqueta rezaba “Chateau Laffitte, 1955”: sería su brindis de noche vieja. ¡Salud!

Yo no sé qué soy

▬ Yo no sé qué soy, Señor, sólo sé lo que es el hambre ▬ dijo Teobaldo y avanzó dos pasos más con la escoba ▬ soy el hambre, Señor, no recuerdo un día sin ella ▬ continuó ▬ esa hambre porfiada que no te suelta, que te muerde aquí dentro, Señor, las tripas.

▬ ¡Cuidado! ▬ gritan atrás y se escucha acercarse veloz y violento a un auto con un adolescente al volante ▬ hay que cuidarse de los borrachos y los niños que conducen a esta hora, son un arma cargada y sin consciencia ▬ asevera el Patotas.

▬ En este trabajo hay que tener reflejos ▬ sonríe la Meme al tiempo que ejecuta una cabriola para evitar la embestida.

Teobaldo, la Meme y el Patotas son la retaguardia del equipo de barrenderos que día a día limpian el Viaducto, son los experimentados, los avezados en estas lides que requieren dos sapiencias, el reflejo de un torero para esquivar los autos y los brazos de un atleta para barrer los kilómetros que les tocan antes del amanecer.

▬ Yo soy el hambre ▬ repite Teobaldo como todos los días hasta que termina el turno y se dirige al café de chinos que se encuentra a la vera del arroyo vehicular ▬ yo soy el hambre, Señor, ▬ le dice al personaje imaginario que le ha llevado varias veces al siquiátrico ▬ y cállese que no me deja trabajar.

Habitación

Despierto en la pequeña habitación que me cobija, arriba y abajo hay amigos que están el la misma situación; solos y pobres nos adueñamos de esta edificación antigua y descuidada… un viejo teatro; solos y pobres comemos la basura en los supermercados; solos y pobres viajamos en el metro sin pagar y expuestos a la ruda autoridad.

Pero la vida es bella, no es el hecho de robar, es la vitalidad que se siente al huir del “Poli” desmedido, es el momento mágico cuando se estrella el escaparate, es vivir marginal.

Milady vive aquí hace ya un mes, flaca y translúcida, es hermosa y nuestros cuerpos se acomodan bien, ese calorcillo que sentimos al acercarnos. El Munch dice que es pura lujuria, para él todo es lujuria. No es así, hay algo más que cuerpo en ese calorcillo, hay dulzura y pan, hay sentido.

Los cómicos de la platea superior se ríen de nosotros, les divierte nuestro movimiento espasmódico como a saltitos. En ocasiones extraño la privacidad, tocarse y que te vean parece desmedido.

Milady fue rubia, así aparece en su fotografía, la droga y el hambre han hecho su trabajo, ahora es… Bella, a mí me lo parece.

Tal vez cuando sea vieja, cuando cumpla veinte, ya no me gustará, ya no será bella. Ahora es.

¿Ya está la luz?

▬ ¿Ya está la luz?

▬ ¡Ya está la luz!

Es tan hermoso ver la luz, te acercas y encuentras todo despejado, te mueves sin cuidado y sin miedo, te conoces por fin. El resultado un hogar amplio, cómodo y céntrico, para no deambular por la ciudad.

Antes de reptar por el nicho de la telefónica y encontrar este vacío, antes de robar la energía, antes de la luz. Vagábamos días y noches, vagábamos hambre y desconcierto. Lo llenaremos poco a poco, lo alumbraremos.

Los hogares del estado son aburridos, no podemos hacer nada, nos atan si no hacemos caso, nos maltratan, nos ignoran y no se puede hacer el amor.

Quiero tanto al Verrugas. Le digo ▬ Ándale “Verr” tócame, tócame los pechos aunque nos vean. Él, penoso, sólo mueve la cabeza y se voltea a otro lado, pero si en la tarde consigo algo de comer se pega a mí como huérfano y mascota, como amante feroz y desalmado. Ahí aprovecho o me da “calor” o no come

Y él me dice ▬ Órale “Muchita” apúrate que ya tengo hambre.

Nuestros días son de búsquedas, casi nunca de encuentros, desandamos los andenes, recorremos callejuelas y nos acercamos a los supermercados esperando que no exista un “acuerdo” con los basureros y nos permitan hurgar en los primeros tiraderos. Es un paraíso, encuentras cosas tan frescas, tan lindas, tan sabrosas. Y ahora al terminar vamos al hogar. ¡Como un trabajo de oficina!

Descubrir este lugar fue una suerte. Justo al lado del “preciso”.

Y si en la calle te preguntan ▬ ¿Dónde vives?

Uno puede responder ▬ ¡En el Palacio Nacional!


Arturo Herrera ©

jueves, marzo 27, 2008

Las botas


– Salí a la calle y vi a Gómez, así, con botas, chiquito y ensangrentado.

– Ya le dije que me lo cuente desde el principio – dijo Orto Adenauer, el comisario de la policía.

– Está bien, hace un par de horas –…


– Le he pedido mil veces a Dolores que cargue con las llaves, siempre tengo que levantarme y dejar de escribir para lanzárselas – dije complacido por la distracción y por poder divertirme al ver el enojo de Eugenia cuando critico a su hija – tú hija es una desobligada.

– Tuya también, no es hija del soplo divino – contestó “U” al botepronto, con una sonrisa y los brazos en jarras que me permiten constatar lo hermosa que se mantiene aún en contra de lo que dice el calendario.

Me asomé al balcón del sexto piso y le arrojé el juego de llaves con cierta sorpresa ya que hoy esperábamos su obligada salida de viernes y un poco de paz para nosotros, los padres arcaicos y decrépitos. Se escuchó el ruido del elevador y dije – “U” recuérdame hablar al administrador para que de una vez le den mantenimiento a ese montacargas – a lo que mi ama y señora contestó – anótalo en tus pendientes, yo ya tengo suficiente trabajo – y la sonrisa no desaparecía de su rostro.

Después de veinticinco años de matrimonio es…

– ¡A los hechos! – Me reprendió Adenauer, – está bien – contesté y seguí…


Acompañaban a Dolores sus dos amigos: “El Pecas”; gordo, grande, inmenso que juega de centro en el equipo de fútbol de la universidad donde Dolores estudia bioquímica y “Gómez”; pequeño, delgado, con ojos huidizos y siempre con esas botas de cowboy que rayan y maltratan el parquet siempre pulido del departamento.

Ruidosos insoportables y muy cercanos a mi hija, cada vez que los descubría observando con ojos de perro hambriento el cuerpo de mi niñita las ansias asesinas aparecían en mí. “U” que conoce mis celos inmensos se mantiene alerta para anticiparse a cualquier acto doloso que pueda ocurrírseme.

Después de veinticinco años de matrimonio es…

– ¡A los hechos! – Me reprendió de nuevo Adenauer, – está bien – contesté reincidente y seguí…


Sonó el teléfono celular de Dolores y nos avisó a voz en cuello – Es la Britney, tírenle las llaves para que suba. Recordé, al mismo tiempo que los otros dos, las grandes formas y los profusos escotes de la amiga de mi hija y me levanté como por la acción de un resorte para tener la oportunidad de obtener una perfecta vista a “ojo de pájaro” de la anatomía juvenil. La atropellada desbandada se detuvo al ver que “Gómez”, con velocidad inaudita, tomaba las llaves, se deslizaba con rapidez sobre el parquet, alcanzaba el balcón, pegaba con fuerza en el barandal, giraba sobre su eje y se precipitaba al vacío permitiéndonos ver, por último, sólo los tacones obtusos de sus horrendas botas.

Bajé por las escaleras sin darme real cuenta, salí a la calle y vi a Gómez, así, con botas, chiquito y ensangrentado.


Arturo Herrera ©

sábado, marzo 22, 2008

Fractales

Coloco un espejo junto al otro en ángulo agudo y luego otro del lado abierto para formar una caja triangular donde sólo entra mi cuerpo.

Con cuidado me deslizo y con sólo entrar cambia mi mundo.

El tiempo se detiene y con el rabillo del ojo percibo una infinidad de yos que se agrandan y se achican en sentidos contrarios.

Fibonacci mediante, intuyo, estas imágenes se encontrarán en el infinito y tenderán a cero. Pero la diosa de los números las multiplicará por cientos, por miles, hasta que de mí recuerdo queden gotas eternas que juntas me integrarán de nuevo.

Si además, giro a una velocidad cercana a la de la luz que hiere mi pupila tal vez, sólo tal vez, me encuentre a mí mismo en el futuro o a mil años luz de este momento, ya sea atorado en el hoyo negro de mí recuerdo o asfixiando con mis manos a la imagen de mí cuando me muera o emitiendo el ingente balbuceo del nonato supernumerario que es mi imagen especular y levógiro desoxirribonucleico.

Al despertar, en el ámbito de lo inconmensurable, desayunaré como un rey galaxias espirales, caminaré en el asfalto de Moebius decreciendo vertiginoso en saltos factoriales y antes de dormir cenaré como mendigo dos cuarks de los tres que mí dieta me permite.

Soñaré acunado en los teóricos brazos de Gödel en los múltiples mundos descubiertos por Escher y arrullado con la síncrona música de Bach hasta que el remolino decrezca y el sólido construido con pulidas superficies internas estalle en miles de pedazos para retornarme a la perfecta y aburrida realidad.


Arturo Herrera ©


jueves, febrero 21, 2008

Alba y Mara



Es muy temprano para dormir pero a los seis años no puedo decidir a que hora me acuesto. Es la primera noche en este gran cuarto del nuevo departamento, la puerta parece lejana hasta el otro lado. Llega mi madre para darme las últimas instrucciones.

- No camines en la noche a menos que necesites ir al baño, no te acerques al balcón para respirar mejor, no te escondas en el armario si tienes frío (ya te puse otro cobertor), no duermas debajo de la cama es más cómodo arriba y más recomendaciones que ya no escucho.

La dama de blanco se sienta en la cama, Alba se acerca por vez primera y siento su calor que pasa a través del cobertor hacia mis pies fríos; sobre su hombro, en la parte más oscura del cuarto diviso a lo otra, la de negro, Mara, y el frío que emite puede verse en la negrura.

Todo es claro ahora, a la izquierda puedo ver que Mara saluda con expresión de tristeza y camino lentamente a lado de la dama blanca y sé, con seguridad absoluta, que siempre la amaré.

Espero paciente sobre la plancha del pequeño gabinete radiológico en el que me depositaron los enfermeros hace unos minutos, sólo recuerdo el sonido del choque y el millar de estiletes cristalinos que me golpeaban un instante después del accidente, la camilla, el cuello ortopédico, la llegada al hospital y los médicos apresurados, las luces del techo que pasan rápido sobre mi inmovilizado cuerpo, todo a gran velocidad hasta que me dejaron sobre esta dura plancha. El tiempo cambia aquí y escucho una voz que me dice.

-¡No se mueva!

A los pies de la plancha, Alma y Mara tocan mis pies y la confusión de temperaturas produce un efecto letárgico en mí. Las amo y me es imposible decidirme.

Es muy temprano para dormir pero a los noventa y seis años no puedo decidir sobre la hora en que me acuesto. Es la última noche en este gran cuarto de la vieja casona, la puerta parece lejana hasta el otro lado. Llega la enfermera para darme las últimas instrucciones.

- No camine en la noche a menos que necesite ir al baño, no se acerque al balcón para respirar mejor, no se esconda en el armario si tiene calor (ya quité un cobertor), no duerma debajo de la cama es más cómodo arriba y más recomendaciones que ya no escucho.

La dama de negro se sienta en mi cama, por última vez se acerca y siento su frío que pasa a través de la sábana hacia mis pies calientes; sobre su hombro, en la parte más clara del cuarto diviso a lo otra, la de blanco, Alba, y el calor que emite puede verse en la blancura.

Todo es claro ahora, a la izquierda puedo ver que Alba se despide con expresión de tristeza y camino lentamente a lado de la dama oscura y sé, con seguridad absoluta, que siempre la he amado.



Arturo Herrera ©


miércoles, enero 09, 2008

Diva


u

El aposento era el caos, el olor a tabaco y alcohol desbordaba, el final de fiesta siempre es desordenado. Sobre la cama el movimiento acompasado revelaba el hondo dormir de la cantante.

Esta habitación representaba la realización de mi más anhelado deseo, la intimidad con la gran diva; tocarla, besarla lento toda la noche; ahora, la poseo. De frente a ella, en el sillón, observo casi estático ese movimiento hipnótico, la hermosa anatomía crece y decrece al ventilarse, la cabellera negra derrama brillos animales, los pies al abrir y cerrar los mínimos dedos acompañan a la respiración con ritmo erótico, el sexo emite aroma de almizcle y tierra prometida.

Algo falta, ese extraño sentimiento de vacío, de cajete, de dolor prometido por trabajo, de presencia perdida, de cadáver. Sólo eso falla, ese ligero espacio para cerrar la brecha y encontrar el ambivalente, amargo y acaramelado sabor de la separación.

El ritmo decae y abres los ojos, la claridad verde me invade y evita mi pensamiento; estiras felina el torso, dos ojos más (ahora rosas) me lesionan; la sabana te revela silenciosa y fenezco; caminas adormilada hacia mi y me besas; ya no soy me pierdo en ti, esta presencia me absorbe y me desvanece.

Así, al final, el sonido del diapasón nos permitió encontrar la clave faltante; cantas para mí al amanecer y la vida es sólo de nosotros.

u

Nota: Por último, falta la vocal "u".

Saludos

Arturo Herrera ©


viernes, diciembre 28, 2007

Azul


El azar camina lentamente y alcanza siempre a las almas intranquilas, se desenvuelve y sale; cambia las circunstancias, se acumula, rueda y se agiganta, así causa la hendidura, fragmenta la inercia, estalla en miles de piezas. Al despertar entendí.


La vivienda era azul, de un azul resplandeciente, la luz se filtraba desde una abertura en la techumbre cubierta de cristales disímiles que hacían difícil calcular su medida. Me sentía atrapada.


¿Y la rueda blanca? Trataba de pensar y las imágenes se negaban a aparecer, libre de ideas la duda dejaba de existir.


Llegué hasta la barranca, me señalaban en la lejanía alguna entidad que percibía débilmente hasta que la vi, espantaba la ausencia de líneas, una bruma gris que caminaba hacia mí.


Grité, grité hasta cansarme y fue inútil. El ente me tragaba entera y, para mi demencia, sin sufrir.


El azar camina lentamente y alcanza siempre a las almas intranquilas, se desenvuelve y sale; cambia las circunstancias, se acumula, rueda y se agiganta, así causa la hendidura, fragmenta la inercia, estalla en miles de piezas. Al despertar entendí.

Nunca más experimentaré pastillas circulares (nuevas substancias) sin amigas y en el retrete de un bar.


Arturo Herrera ©

* Ahora, la que falta es la letra “o”.

jueves, noviembre 29, 2007

Amuleto


La mañana del sábado pasaba lentamente en el arroyo, las aguas calmas dejan ver el fondo, algo verdoso destella en lo profundo, me zambullo como flecha hasta el fango para tomar este metal de forma recta. Salgo para encontrar una extraña lanceta en las manos.

Creo que es un objeto sacro, que me protegerá de la maldad, que será amuleto ante la mala suerte y lo coloco, colgado, en el espejo del auto de renta que conduzco.

Paseo mañanas y tardes seguro con este objeto, es patente que posee una naturaleza de portento.

A la noche, sube al carro una hermosa mujer que se enamora del metal, me ofrece pasta por él pero no acepto, me ofrece más y no me someto, baja con el enojo alojado en su pecho. No puedo más. La llamo y le ofrezco un trato.

Su cuerpo por el objeto. Su objeto de deseo por el que ahora me consume.

Me ve con ojos alegres y juguetones y hace fuego con un arma que me destroza la cara.

Negrura.

-¡Todo por este objeto de metal que me gustó tanto! -especula la mujer al alejarse del auto con el amuleto.


Arturo Herrera ©
Nota: De nuevo no hay una vocal.

domingo, noviembre 04, 2007

Nuclear

-¡Auch!

De nuevo me pegué con algo. Me arrastro entre la zona de comida y la de excrecencias sin posibilidad de saber si es correcto. Como directo de las latas y los depósitos de plástico y los utilizo de nuevo como contenedores fétidos. Cuando duermo dejo a unos centímetros una señal de ropa para poder orientarme al despertar.

Hace ya tres días que estamos en la más completa oscuridad desde que la explosión dejó ese hongo característico en el horizonte y el pulso electromagnético fundió todas las instalaciones eléctricas de los alrededores.

¡Fui un tonto! No calculé las cargas inducidas sobre las baterías del refugio, todo está muerto, no hay luz.

Estoy encerrado solo en esta caja emplomada de tres por tres, sin comunicación con el exterior ni capacidad de tenerla, la última noticia que escuche en la radio, después del resplandor y antes de ocultarme aquí, fue que la presa “Los riñones” se partió. Como la casa y el refugio están en el valle seguramente estamos bajo unos metros de agua.

No tengo idea de cuánto tiempo tengo, todos los cálculos me fallaron y no sé si el aire o los alimentos me durarán lo suficiente o si (por el hambre, la sed o por la necesidad de respirar) saldré al exterior. Estoy asustado...

-Arturito, hijo. ¡Sal ya de la caja fuerte de tu padre! Un día de estos nos vamos a olvidar de ti y vas a quedar encerrado. Habrá que llevarte al médico, no es sana tanta imaginación.¡Vamos! es hora de dormir, mañana hay colegio, ¡vamos ya!


sábado, octubre 27, 2007

Dádiva divina


Como antaño, Isaac, subió por la misma ruta a la montaña para hablar con su dios, los signos y las palabras así lo indicaban. Las ironías pasadas no lo lastimaban, la antigua duda no lo afligía, ahora, tomaría la dádiva divina.

Aguardó, aguardó y aguardó, acostumbrado a sus ruidosos arribos, a sus nuncios; ya imaginaba su aparición triunfal, los sonidos y las fanfarrias para ilustrar su vigor ultra humano.

Aburrido, imaginaba la cualidad otorgada, un adminículo con magia, un visor adivinatorio, un don para agudizar su vivacidad, un artilugio para dominar almas. Así pasaron minutos, muchos para Isaac, y nada.

Dormitaba y soñaba con los mayúsculos trabajos a cumplir, cómo narraría su aproximación al dios, cuándo mostraría su dádiva astral.

- ¿Isaac?

- Sí, mi dios.

- ¿Listo?

- Sí, mi dios.

-¡Ábrala!

La caja abrazaba a una tablilla con la inscripción “E”.

La dádiva divina.

Arturo Herrera ©

De nuevo, hago notar que no hay letra "e" hasta la letra "E"

sábado, septiembre 29, 2007

Signo perdido


Me descubro unido con el peñón, el nuevo embrujo fue enorme y rudo, mover el cuerpo sin sufrir el recorrido duele, duele mucho.

El declive no es muy obtuso, puedo subir lento e introducirme en el primer orificio que encuentre, pie con pie, pedrusco sobre pedrusco, todo mi cuerpo se funde con el muro y siento el rocoso sudor, el sufrimiento. Lo encontré.

Mi gemelo se percibe preso desde los huesos, el conjuro que lo envuelve es de preceptores, existen numerosos hechizos que puedo esgrimir. No deseo herirlo.

Dirijo el índice con pulcritud, pido que todo se solucione bien y nombro el sortilegio - “Zemposúchil -”; todo se obscurece, todo se pierde, es un hecho.

Mi heterónimo es libre por fin y si deseo conocer su derrotero sólo se requiere leerlo, mi némesis fenece con dolor, lento y seguro. Hoy el signo perenne de mi frente dejó de existir.

Arturo Herrera ©

Esta vez añado un comentario sobre este texto sólo para hacer notar la falta de la letra "A". Que a mi me parece obvia pero la evidencia muestra que no lo es tanto.

Saludos


lunes, abril 30, 2007

Armada.

xxxxxxxxxx

Querida Amiga:


Hoy tengo que contarte sobre mi reconciliación con Armada.


Después de la hecatómbica diferencia que tuvimos en días pasados, dejar de hablarnos por al menos una semana y sufrir sus arrebatos (cosa que se vuelve cada día más frecuente) esta mañana amaneció generosa.


Y tú ya sabes lo que eso representa; el permitirme deslizar mis dedos sobre su coraza sin hacerme sentir culpable por las rápidas salidas al café; sentir esa energía que emana de su cuerpo y el sonido bajo y gutural de su respiración; tocar con parsimonia esos sus lugares donde (tu y yo sabemos) se enciende, para permitirme con tacto renovar nuestro diálogo (a veces monólogo); descorrí con sumo cuidado sus compuertas y mis dedos aletargados por semanas descubrieron sus lugares profundos.


El fluido ahí era tangible, las ráfagas energéticas salían despedidas como fuegos de artificio, pero yo sabía (me imaginaba, lo presentía) que este acercamiento mejoraría nuestra deteriorada relación, tome el adminículo y con sumo cuidado (con guantes para evitar desenlaces fatales) lo inserté con fuerza y con cuidado en su ranura, se encendió de inmediato con un sobrio siseo de tono bajo (el sonido de un minino cuando es feliz) diferente por completo al usual.


Voilá, las señales en su faz mostraban que llegaba cada vez más alto, más alto, fue sensacional, mi sudor se convirtió en placer y al final marcó.


Si, marcó 1028 megabytes (un giga) en su memoria RAM.

ah

sábado, marzo 31, 2007

Jack.

San José, Costa Rica, 20 de febrero de 1890.


Querida amiga:


Prometí escribir de nuevo y hace un mes que no he podido dormir ni hacerlo.

El sueño se repite día con día y el calor es mayor; húmedo y pegajoso.

No encuentro manera de erradicarlos, el calor y el sueño.
Te lo describo son sólo imágenes entreveradas.

El recuerdo me destroza, verla así, tan desprotegida, así tan triste;
siento el mal entrando en su regazo, corta, ilumina;
la suavidad, la inmerecida suavidad de su piel, de la piel;
corto, corta y la luz fría, tan, tan fría, descampa, se deshace;
rompe el silencio, el desenmascarado silencio nos alcanza;
el grito es destemplado, roto y destemplado, cunde el dolor;
ese pedazo colgando, así, de tal manera, que lo oculto y aún está;
miro desde cerca y parece un pájaro, pájaro herido, pájaro durmiente;
sin volar y vuela en círculos dormidos, no se mueve, se contrae me alejo y es peor, rompe el cuadro, rompe el silencio;
la posición ya no es normal;
como interrumpida, como girada hacia donde no quiere estar;
brazos y pies caminan en direcciones encontradas;
más lejos y ya corro, siento las pisadas, desgasto los zapatos;
el ausente, yo ausente, ¿dónde encuentro a mi persona?;
veo el exceso, veo el roto espejo y no soy yo, soy el otro, el fuerte.

¿Entiendes un poco al menos?

De nuevo no puedo contarte las historias pendientes.
Cambiamos de lugar a cada mañana.
Parece que nuestra reputación nos adelanta y es difícil encontrar el tiempo para escribir, para escribirte, a cada paso hay jungla, a cada paso hay verde.

Abrazos por cientos.

Jack Derry Per

viernes, febrero 16, 2007

La habitación.

Despierto en la pequeña habitación que me cobija, arriba y abajo hay amigos que están en la misma situación, solos y pobres nos adueñamos de esta edificación antigua y descuidada, solos y pobres comemos la basura en los supermercados, solos y pobres viajamos en el metro sin pagar y expuestos a la ruda autoridad.

Pero la vida es bella, no es el hecho de robar, es la vitalidad que se siente al huir del “Bobby” desmedido, es el momento mágico cuando se estrella el escaparate, es vivir marginal.

Milady vive aquí hace ya un mes, flaca y translúcida, es hermosa y nuestros cuerpos se acomodan bien, ese calorcillo que sentimos al acercarnos. El Munch dice que es pura lujuria, para él todo es lujuria. No es así, hay algo más que cuerpo en ese calorcillo, hay dulzura y pan, hay sentido.

Los cómicos de la platea superior se ríen de nosotros, les divierte nuestro movimiento espasmódico como a saltitos. En ocasiones extraño la privacidad. Tocarse y que te vean parece desmedido.

Milady fue rubia, así aparece en su fotografía, la droga y el hambre han hecho su trabajo, ahora es… Bella, a mí me lo parece.
Tal vez cuando sea vieja, cuando cumpla veinte, ya no me gustará, ya no será bella. Ahora si.

ah

domingo, diciembre 17, 2006

Desespero.

El instante más grande del mundo es el de la espera.

Lento, largo, infame el minuto siguiente y se suman uno tras otro aletargados, danzan su interminable coda, su desesperante sucesión.

Minutos infames, locos desgarrados; me separan de ella todos en el medio, rudos y brutales; te tienen ahí, detenida; no te alcanzo desde aquí.

Y cada uno de ellos al morirse te detiene.

¡Mueran ya todos! Desalmados permitan a mi ángel llegar cerca mí.

¡Fenezcan ya! Insensibles, no ven mi amor, no ven mi dolor.
Permitan pasar a mi ángel, permítanle llegar.

Minutos dolosos, desconfiados ya se vuelven uno, y ahora es ella, femenina: por fin, tarde llega; la hora. Tarde siempre, necesitó sesenta muertes para su nacimiento.

Déjala llegar ya hora desalmada. ¡No quiero herirte! ¡Lo haré!

De a cuartos, medios y tres cuartos, deambulas lenta, inconstante, ahora se duplica y ya son dos.

No importa el número, las venceré; déjenla llegar, irresponsables, mi alma, mi ángel, ¿dónde estás?

De lejos diviso tu silueta; por fin te acercas y te encuentro.
¿Qué pasó?

Eres otra y al fin la misma. Tus herencias paternas ya no son.
Tu color capilar es refulgente, tus cejas de mural; ¿dónde se han ido?
Tu boca, o dios, tu boca se ha expandido, tus ojos son directos y turgentes.
Envenenar de poco, ha hecho su trabajo.

Eres nueva, eres arcaica, pienso y sufro tu acomodo y creo que el cambio ayuda, mejora sin saberlo mi destino.

Me siento bígamo de espera; dos mujeres, una en foto, otra en persona. ¿Qué diremos ahora a nuestros hijos?

Ya los minutos son rodantes se despiertan y caminan presurosos.
El instante más corto del mundo es la sorpresa.

ah