Todo me pasa de noche
De noche furtivo, a la escasa luz
De noche furioso, ruda realidad
Siento tu distancia, tu caricia fría
Y es porque a los sueños no puedo besar…
Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos. Jorge Luis Borges
Todo me pasa de noche
De noche furtivo, a la escasa luz
De noche furioso, ruda realidad
Siento tu distancia, tu caricia fría
Y es porque a los sueños no puedo besar…
Todo me pasa de noche
De noche voy a ti y no te encuentro
De noche te suspiro, pura ausencia
Te beso toda, te imagino
Sería maravilloso que existieras…
.
Se nos fueron las alas al abismo
caminamos el cordel entre dos aires
lozana tez de los primeros besos
verbo de fe y carne alucinada
se nos fueron las pieles infantiles
transitamos el mundo y extraviamos
el destello feraz de las miradas
en la niñez apenas acabada
se nos fue el momento inaprensible
perdimos alas, piel, sustancia y tiempo
sólo nos queda la chispa primigenia
que brilla aún, igual que en la alborada.
.

.
Si contesto con razón
a tu silencio
me acusarán de loco
las consciencias.
Si en cambio me uno a la demencia
tu voz se escuchará en los resquicios
aunque es insano, no habrán acusaciones
y pareceré cuerdo ante tus juicios.
Cuando tu voz es de fuerza abrumadora
mi locura se incrementa en resonancia
y se esfuma el prejuico de los otros
hasta ser uno más de tu rebaño.
Así, vivo días y noches divagando
si pertenezco o no a tu palabra.
Cuando quedo en el redil, odio mi suerte,
y prófugo y feliz, sé que no existes.
¿De lo otros? Lo sé. Viven su suerte,
y me uno escasamente a sus vivencias
ante la circunstancia, que es azar y no destino
te lloran y te ruegan indulgencias
La verdad así se me señala,
del mismo modo que tú a tus creyentes,
no hay más allá, es sólo este momento
y este vacío, al fin, me reconforta.
.
Estoy que grito de sonrisa y de coraje.
¿Qué pasó con la luz?
¿La inteligencia?
Estoy que lloro de coherencia.
No salen palabras de mi lápiz
ni ofrece la hoja abrigo al fuego
de esta mi rabia iridiscente,
que agrieta mi burla, mi coraje.
¿La luz y la razón
ya se han perdido?
Y trémulo preguntas me suscito.
¿Qué pasó con la luz?
¿La inteligencia?
Estoy que lloro de indulgencia.
.
Nadie sabe el número exacto de los muertos,
ni siquiera los asesinos,
ni siquiera el criminal.
(Ciertamente, ya llegó a la historia
este hombre pequeño por todas partes,
incapaz de todo menos del rencor.)
Tlaltelolco será mencionado en los años que vienen
como hoy hablamos de Río Blanco y Cananea,
pero esto fue peor,
aquí han matado al pueblo;
no eran obreros parapetados en la huelga,
eran mujeres y niños, estudiantes,
jovencitos de quince años,
una muchacha que iba al cine,
una criatura en el vientre de su madre,
todos barridos, certeramente acribillados
por la metralla del Orden y Justicia Social.
A los tres días, el ejército era la víctima de los desalmados,
y el pueblo se aprestaba jubiloso
a celebrar las Olimpiadas, que darían gloria a México.
El crimen está allí,
cubierto de hojas de periódicos,
con televisores, con radios, con banderas olímpicas.
El aire denso, inmóvil,
el terror, la ignominia.
alrededor las voces, el tránsito, la vida.
Y el crimen está allí.
Habría que lavar no sólo el piso; la memoria.
Habría que quitarles los ojos a los que vimos,
asesinar también a los deudos,
que nadie llore, que no haya más testigos.
Pero la sangre echa raíces
y crece como un árbol en el tiempo.
La sangre en el cemento, en las paredes,
en una enredadera: nos salpica,
nos moja de vergüenza, de vergüenza, de vergüenza.
La bocas de los muertos nos escupen
una perpetua sangre quieta.
Confiaremos en la mala memoria de la gente,
ordenaremos los restos,
perdonaremos a los sobrevivientes,
daremos libertad a los encarcelados,
seremos generosos, magnánimos y prudentes.
Nos han metido las ideas exóticas como una lavativa,
pero instauramos la paz,
consolidamos las instituciones;
los comerciantes están con nosotros,
los banqueros, los políticos auténticamente mexicanos,
los colegios particulares,
las personas respetables.
Hemos destruido la conjura,
aumentamos nuestro poder:
ya no nos caeremos de la cama
porque tendremos dulces sueños.
Tenemos Secretarios de Estado capaces
de transformar la mierda en esencias aromáticas,
diputados y senadores alquimistas,
líderes inefables, chulísimos,
un tropel de putos espirituales
enarbolando nuestra bandera gallardamente.
Aquí no ha pasado nada.
Comienza nuestro reino.
.
En las planchas de
Semidesnudos, fríos, agujereados,
algunos con el rostro de un muerto.
Afuera, la gente se amontona, se impacienta,
espera no encontrar el suyo:
"Vaya usted a buscar a otra parte."
La juventud es el tema
dentro de
El gobierno apadrina a los héroes.
El peso mexicano está firme
y el desarrollo del país es ascendente.
Siguen las tiras cómicas y los bandidos en la televisión.
hemos demostrado al mundo que somos capaces,
respetuosos, hospitalarios, sensibles
(¡Qué Olimpiada maravillosa!),
y ahora vamos a seguir con el "Metro"
porque el progreso no puede detenerse.
La mujeres, de rosa,
los hombres, de azul cielo,
desfilan los mexicanos en la unidad gloriosa
que constituye la patria de nuestros sueños.
.
.
El aroma se añade bien al mar,
la rosa hendida por la roda.
El dolor radica en el amaro
en el viento oscuro de la mora.
El aroma se añade bien al fuego,
el clavel herido por azogue.
La muerte mueve lento al ruego
en el río que llora sin desfogue.
.
El aroma se añade bien al viento,
el tulipán cortado por lo cierto.
El placido flotar del gerifalte
en la paz serena del desierto.
El aroma se añade bien al cieno,
las orquídeas que mueren en la leva.
El silencio fenece con el trueno
del menhir que brota de la gleba.
.
Arturo Herrera ©
VI
Recto sendero
donde cae suave polvo
lágrimas secas.
VII
La muerte oscura
que iguala tu rostro;
humo y espejo
VIII
Miro un lucero
desde el este en llamas
pluma y serpenta
IX
Ome teotl
ipalnemohuani
tlaxocamati
X
Rosa difusa
si te miro existes,
vetusta idea
.
Arturo Herrera ©I
Mares desiertos
como en antaño arenas
agua sin dueño.
II
Rota del fondo
en algodón formada;
nube llorosa.
III
Luz estética
se detiene un instante;
zurdo colibrí.
IV
Piedra tezontle
del calor de la tierra
suave despiertas.
V
Sol que nace
arriba en el templo
piel desolada.
n
Cerrar el ciclo, encender la llama
novísimo fuego que inicia este día
aquí la serpenta encuentra su cola
ahora la acción cede a la visión
m
desde el oriente me mira emplumado
giro y doy la vuelta hasta el desollado
muevo mi cuerpo y el humeante llama
de nuevo me torno hasta el colibrí
m
ahora levanto mi vista hacia el cielo
dos nítidas luces se asoman de ahí
bajo la cabeza y encuentro al más viejo
mis dos pies se asientan en el gran faldón
m
aquí doy gracias al que todo otorga
a la madre tierra que acompaña el viaje
al nueve y al águila que mi nombre forman
al cielo que envuelve, al ciclo cerrar.
m
Arturo Herrera ©
x
Hay mujeres más fuertes que los años,
pasan décadas y el aluvión no asienta,
despiertas solo y sientes su presencia,
su recuerdo, su olor, su mito,
Nalia era de esas.
Hay mujeres más fuertes que la risa,
amanecer con ella invita al regocijo,
abrir los ojos y recordar su prisa,
cantar de alegría, animada brisa.
Floria era de esas.
Hay mujeres más fuertes que el dolor,
la observas y su imagen atormenta,
no puedes evitarlo, rasga la pupila,
su nítida faz hiere sin medida.
Baria era de esas.
Hay mujeres más fuertes que el olvido,
se imprimen en el cuerpo y dejan marca,
miras al espejo y ella está tatuada
en el más hondo lugar de tu recuerdo.
Haria era de esas.
Hay mujeres más fuertes que los hombres,
y hay incautos que prefieren olvidarlo,
la amas sin medida suplicando
que encuentre algo bueno en ti, en lo profundo.
María es ellas, todas.