Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos. Jorge Luis Borges
jueves, mayo 01, 2008
jueves, marzo 27, 2008
Las botas
– Salí a la calle y vi a Gómez, así, con botas, chiquito y ensangrentado.
– Ya le dije que me lo cuente desde el principio – dijo Orto Adenauer, el comisario de la policía.
– Está bien, hace un par de horas –…
– Le he pedido mil veces a Dolores que cargue con las llaves, siempre tengo que levantarme y dejar de escribir para lanzárselas – dije complacido por la distracción y por poder divertirme al ver el enojo de Eugenia cuando critico a su hija – tú hija es una desobligada.
– Tuya también, no es hija del soplo divino – contestó “U” al botepronto, con una sonrisa y los brazos en jarras que me permiten constatar lo hermosa que se mantiene aún en contra de lo que dice el calendario.
Me asomé al balcón del sexto piso y le arrojé el juego de llaves con cierta sorpresa ya que hoy esperábamos su obligada salida de viernes y un poco de paz para nosotros, los padres arcaicos y decrépitos. Se escuchó el ruido del elevador y dije – “U” recuérdame hablar al administrador para que de una vez le den mantenimiento a ese montacargas – a lo que mi ama y señora contestó – anótalo en tus pendientes, yo ya tengo suficiente trabajo – y la sonrisa no desaparecía de su rostro.
Después de veinticinco años de matrimonio es…
– ¡A los hechos! – Me reprendió Adenauer, – está bien – contesté y seguí…
Acompañaban a Dolores sus dos amigos: “El Pecas”; gordo, grande, inmenso que juega de centro en el equipo de fútbol de la universidad donde Dolores estudia bioquímica y “Gómez”; pequeño, delgado, con ojos huidizos y siempre con esas botas de cowboy que rayan y maltratan el parquet siempre pulido del departamento.
Ruidosos insoportables y muy cercanos a mi hija, cada vez que los descubría observando con ojos de perro hambriento el cuerpo de mi niñita las ansias asesinas aparecían en mí. “U” que conoce mis celos inmensos se mantiene alerta para anticiparse a cualquier acto doloso que pueda ocurrírseme.
Después de veinticinco años de matrimonio es…
– ¡A los hechos! – Me reprendió de nuevo Adenauer, – está bien – contesté reincidente y seguí…
Sonó el teléfono celular de Dolores y nos avisó a voz en cuello – Es
Bajé por las escaleras sin darme real cuenta, salí a la calle y vi a Gómez, así, con botas, chiquito y ensangrentado.
Arturo Herrera ©
sábado, marzo 22, 2008
Fractales
Coloco un espejo junto al otro en ángulo agudo y luego otro del lado abierto para formar una caja triangular donde sólo entra mi cuerpo.
Con cuidado me deslizo y con sólo entrar cambia mi mundo.
El tiempo se detiene y con el rabillo del ojo percibo una infinidad de yos que se agrandan y se achican en sentidos contrarios.
Fibonacci mediante, intuyo, estas imágenes se encontrarán en el infinito y tenderán a cero. Pero la diosa de los números las multiplicará por cientos, por miles, hasta que de mí recuerdo queden gotas eternas que juntas me integrarán de nuevo.
Si además, giro a una velocidad cercana a la de la luz que hiere mi pupila tal vez, sólo tal vez, me encuentre a mí mismo en el futuro o a mil años luz de este momento, ya sea atorado en el hoyo negro de mí recuerdo o asfixiando con mis manos a la imagen de mí cuando me muera o emitiendo el ingente balbuceo del nonato supernumerario que es mi imagen especular y levógiro desoxirribonucleico.
Al despertar, en el ámbito de lo inconmensurable, desayunaré como un rey galaxias espirales, caminaré en el asfalto de Moebius decreciendo vertiginoso en saltos factoriales y antes de dormir cenaré como mendigo dos cuarks de los tres que mí dieta me permite.
Soñaré acunado en los teóricos brazos de Gödel en los múltiples mundos descubiertos por Escher y arrullado con la síncrona música de Bach hasta que el remolino decrezca y el sólido construido con pulidas superficies internas estalle en miles de pedazos para retornarme a la perfecta y aburrida realidad.
Arturo Herrera ©
jueves, febrero 21, 2008
Alba y Mara
Es muy temprano para dormir pero a los seis años no puedo decidir a que hora me acuesto. Es la primera noche en este gran cuarto del nuevo departamento, la puerta parece lejana hasta el otro lado. Llega mi madre para darme las últimas instrucciones.
- No camines en la noche a menos que necesites ir al baño, no te acerques al balcón para respirar mejor, no te escondas en el armario si tienes frío (ya te puse otro cobertor), no duermas debajo de la cama es más cómodo arriba y más recomendaciones que ya no escucho.
La dama de blanco se sienta en la cama, Alba se acerca por vez primera y siento su calor que pasa a través del cobertor hacia mis pies fríos; sobre su hombro, en la parte más oscura del cuarto diviso a lo otra, la de negro, Mara, y el frío que emite puede verse en la negrura.
Todo es claro ahora, a la izquierda puedo ver que Mara saluda con expresión de tristeza y camino lentamente a lado de la dama blanca y sé, con seguridad absoluta, que siempre la amaré.
…
Espero paciente sobre la plancha del pequeño gabinete radiológico en el que me depositaron los enfermeros hace unos minutos, sólo recuerdo el sonido del choque y el millar de estiletes cristalinos que me golpeaban un instante después del accidente, la camilla, el cuello ortopédico, la llegada al hospital y los médicos apresurados, las luces del techo que pasan rápido sobre mi inmovilizado cuerpo, todo a gran velocidad hasta que me dejaron sobre esta dura plancha. El tiempo cambia aquí y escucho una voz que me dice.
-¡No se mueva!
A los pies de la plancha, Alma y Mara tocan mis pies y la confusión de temperaturas produce un efecto letárgico en mí. Las amo y me es imposible decidirme.
…
Es muy temprano para dormir pero a los noventa y seis años no puedo decidir sobre la hora en que me acuesto. Es la última noche en este gran cuarto de la vieja casona, la puerta parece lejana hasta el otro lado. Llega la enfermera para darme las últimas instrucciones.
- No camine en la noche a menos que necesite ir al baño, no se acerque al balcón para respirar mejor, no se esconda en el armario si tiene calor (ya quité un cobertor), no duerma debajo de la cama es más cómodo arriba y más recomendaciones que ya no escucho.
La dama de negro se sienta en mi cama, por última vez se acerca y siento su frío que pasa a través de la sábana hacia mis pies calientes; sobre su hombro, en la parte más clara del cuarto diviso a lo otra, la de blanco, Alba, y el calor que emite puede verse en la blancura.
Todo es claro ahora, a la izquierda puedo ver que Alba se despide con expresión de tristeza y camino lentamente a lado de la dama oscura y sé, con seguridad absoluta, que siempre la he amado.
Arturo Herrera ©
miércoles, enero 09, 2008
Diva
El aposento era el caos, el olor a tabaco y alcohol desbordaba, el final de fiesta siempre es desordenado. Sobre la cama el movimiento acompasado revelaba el hondo dormir de la cantante.
Esta habitación representaba la realización de mi más anhelado deseo, la intimidad con la gran diva; tocarla, besarla lento toda la noche; ahora, la poseo. De frente a ella, en el sillón, observo casi estático ese movimiento hipnótico, la hermosa anatomía crece y decrece al ventilarse, la cabellera negra derrama brillos animales, los pies al abrir y cerrar los mínimos dedos acompañan a la respiración con ritmo erótico, el sexo emite aroma de almizcle y tierra prometida.
Algo falta, ese extraño sentimiento de vacío, de cajete, de dolor prometido por trabajo, de presencia perdida, de cadáver. Sólo eso falla, ese ligero espacio para cerrar la brecha y encontrar el ambivalente, amargo y acaramelado sabor de la separación.
El ritmo decae y abres los ojos, la claridad verde me invade y evita mi pensamiento; estiras felina el torso, dos ojos más (ahora rosas) me lesionan; la sabana te revela silenciosa y fenezco; caminas adormilada hacia mi y me besas; ya no soy me pierdo en ti, esta presencia me absorbe y me desvanece.
Así, al final, el sonido del diapasón nos permitió encontrar la clave faltante; cantas para mí al amanecer y la vida es sólo de nosotros.
uNota: Por último, falta la vocal "u".
Saludos
Arturo Herrera ©
viernes, diciembre 28, 2007
Azul
El azar camina lentamente y alcanza siempre a las almas intranquilas, se desenvuelve y sale; cambia las circunstancias, se acumula, rueda y se agiganta, así causa la hendidura, fragmenta la inercia, estalla en miles de piezas. Al despertar entendí.
¿Y la rueda blanca? Trataba de pensar y las imágenes se negaban a aparecer, libre de ideas la duda dejaba de existir.
Llegué hasta la barranca, me señalaban en la lejanía alguna entidad que percibía débilmente hasta que la vi, espantaba la ausencia de líneas, una bruma gris que caminaba hacia mí.
Grité, grité hasta cansarme y fue inútil. El ente me tragaba entera y, para mi demencia, sin sufrir.
El azar camina lentamente y alcanza siempre a las almas intranquilas, se desenvuelve y sale; cambia las circunstancias, se acumula, rueda y se agiganta, así causa la hendidura, fragmenta la inercia, estalla en miles de piezas. Al despertar entendí.
Nunca más experimentaré pastillas circulares (nuevas substancias) sin amigas y en el retrete de un bar.
* Ahora, la que falta es la letra “o”.
domingo, diciembre 16, 2007
Haiku
I
Mares desiertos
como en antaño arenas
agua sin dueño.
II
Rota del fondo
en algodón formada;
nube llorosa.
III
Luz estética
se detiene un instante;
zurdo colibrí.
IV
Piedra tezontle
del calor de la tierra
suave despiertas.
V
Sol que nace
arriba en el templo
piel desolada.
martes, diciembre 04, 2007
A los cincuenta
Te ves al espejo y no reconoces
al extraño añoso que de ahí te observa,
tiene cierto parecido con la imagen
profunda que te representa
y que cumple a lo más;
veinte, treinta, cuarenta.
Te llama tu hijo
profiere inter-sex-iones
y adjetiva profano,
¿Dónde estás? Arcaico y decrépito paterno.
Está en prosa, prozac.
Está difícil, táfil.
Ves hacia abajo; apenas las uñas de los pies,
hacia arriba; y el cuello te molesta,
tus manos; que ya no son las tuyas,
de las parcas son:
deshilan, devanan y cortan los sentidos.
Observas y entornando descubres ya la luz
refulge divertida, invita al interior.
De nuevo,
la ventana de azogue te pregunta.
¿A dónde se fue el bíceps?
¿Y por qué ahora?
La protuberancia está al otro lado,
(protuberancia sí, no consistente)
que al agitar los brazos
el movimiento es contrario y pendulante.
¿A dónde las antífonas?
En su tiempo admiradas
pasaron a escondidas
al frente de tu cuerpo
¿Cuándo? Te preguntas,
el atractivo posterior,
adjetivo sombreado y
sustantivo cónico,
se convirtió en hyper_bola ecológica.
¿A dónde los muslos?
Ciclista abandonado.
¿Cómo? ¡Por Zeus!,
pasaron hasta el cuello
transformándose así en papada cultural
sólo alcanzada tras cien lecturas o más.
¿Y los ojos, dónde?
Que al menos necesitan
tres aumentos distintos:
para encontrar tu mundo,
para encontrar tu cama,
para encontrar tu sitio.
¿Y la estupidez?
Después de tanto usarla
deshecha, en jirones,
rota y recocida.
Esa, mi amigo,
si hiciste la tarea;
se fue alejando al tranco,
se fue alejando al tranco.
Saludos
jueves, noviembre 29, 2007
Amuleto
La mañana del sábado pasaba lentamente en el arroyo, las aguas calmas dejan ver el fondo, algo verdoso destella en lo profundo, me zambullo como flecha hasta el fango para tomar este metal de forma recta. Salgo para encontrar una extraña lanceta en las manos.
Creo que es un objeto sacro, que me protegerá de la maldad, que será amuleto ante la mala suerte y lo coloco, colgado, en el espejo del auto de renta que conduzco.
Paseo mañanas y tardes seguro con este objeto, es patente que posee una naturaleza de portento.
A la noche, sube al carro una hermosa mujer que se enamora del metal, me ofrece pasta por él pero no acepto, me ofrece más y no me someto, baja con el enojo alojado en su pecho. No puedo más. La llamo y le ofrezco un trato.
Su cuerpo por el objeto. Su objeto de deseo por el que ahora me consume.
Me ve con ojos alegres y juguetones y hace fuego con un arma que me destroza la cara.
Negrura.
-¡Todo por este objeto de metal que me gustó tanto! -especula la mujer al alejarse del auto con el amuleto.
Arturo Herrera ©
Nota: De nuevo no hay una vocal.
domingo, noviembre 04, 2007
Nuclear
-¡Auch!
De nuevo me pegué con algo. Me arrastro entre la zona de comida y la de excrecencias sin posibilidad de saber si es correcto. Como directo de las latas y los depósitos de plástico y los utilizo de nuevo como contenedores fétidos. Cuando duermo dejo a unos centímetros una señal de ropa para poder orientarme al despertar.
Hace ya tres días que estamos en la más completa oscuridad desde que la explosión dejó ese hongo característico en el horizonte y el pulso electromagnético fundió todas las instalaciones eléctricas de los alrededores.
¡Fui un tonto! No calculé las cargas inducidas sobre las baterías del refugio, todo está muerto, no hay luz.
Estoy encerrado solo en esta caja emplomada de tres por tres, sin comunicación con el exterior ni capacidad de tenerla, la última noticia que escuche en la radio, después del resplandor y antes de ocultarme aquí, fue que la presa “Los riñones” se partió. Como la casa y el refugio están en el valle seguramente estamos bajo unos metros de agua.
No tengo idea de cuánto tiempo tengo, todos los cálculos me fallaron y no sé si el aire o los alimentos me durarán lo suficiente o si (por el hambre, la sed o por la necesidad de respirar) saldré al exterior. Estoy asustado...
-Arturito, hijo. ¡Sal ya de la caja fuerte de tu padre! Un día de estos nos vamos a olvidar de ti y vas a quedar encerrado. Habrá que llevarte al médico, no es sana tanta imaginación.¡Vamos! es hora de dormir, mañana hay colegio, ¡vamos ya!