sábado, junio 02, 2007

La dama de Argón.

Reino del Dolmen, Bosque Umbroso, 1315

Misiva a la Reina Filósofa sobre la dama de Argón.

Querida Reina:
Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.
Si notas en mis palabras frases negativas y maledicientes es porque en este momento me estremece un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en este estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto, mi alma, mi persona toda.
Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿Cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno (llamémosla Estúltica de Argón (ya conoces mi predilección por las esdrújulas)) que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, que nuestras almas son cercanas y se acoplan, que nuestras energías son especulares; si sé que las frases mismas (lo sé de seguro) serán tomadas como una invitación al miedo. Sí, decir las cosas como son (no como deben ser) asusta de forma inmisericorde a las personas.
Ya habíamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patológico ritual al cual está (están) acostumbrada (acostumbradas) sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisión, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia y el conocimiento personal.
Por ende, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento por ella no soportara estoicamente.

En fin, engañarla del modo más artero para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.
¿Y qué crees? Pensé (verbo en tiempo pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la fábula") que ella era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en la corte la habían forjado con acero diferente.

ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso): esta apertura y claridad de mi parte la tomó (a ella) primero por sorpresa y después la percibió como acoso y la asumió con sufrimiento, llegué a sentir su temor, y todo esto por hablarle llanamente de mis sentimientos y pensamientos hacia ella.
El resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó, inmisericorde, lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontró frases que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".

“Explica, plica, si la verdad radica o la disculpa aplica” sería el lema de nuestra misiva que de pasional no sé si sea entendible.

Espero tu pronta respuesta que refrescará mi mente enferma con tus frases que se vuelven perlas y tus caricias que son tan amorosas (espero que esta frase no te haga brincar como a la interfecta) donde, ya al recibirte en palabras, mi descanso se vuelve apetecible y apacible.

Autárquio de Crimea

Arturo Herrera ©



Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".

Querida:

Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.

Si notas en mis palabras frases negativas y maledicentes es porque en este momento me sobrecoge un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en esta estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto.

Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, si la frase misma (lo sé de seguro) será tomada como una invitación al miedo, si decir las cosas como son (no como deben ser) asusta inmisericordemente a las personas.

Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".

Querida:

Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.

Si notas en mis palabras frases negativas y maledicentes es porque en este momento me sobrecoge un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en esta estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto.

Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, si la frase misma (lo sé de seguro) será tomada como una invitación al miedo, si decir las cosas como son (no como deben ser) asusta inmisericordemente a las personas.

Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".

Querida:

Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.

Si notas en mis palabras frases negativas y maledicentes es porque en este momento me sobrecoge un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en esta estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto.

Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, si la frase misma (lo sé de seguro) será tomada como una invitación al miedo, si decir las cosas como son (no como deben ser) asusta inmisericordemente a las personas.

Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".



Querida:

Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.

Si notas en mis palabras frases negativas y maledicentes es porque en este momento me sobrecoge un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en esta estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto.

Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, si la frase misma (lo sé de seguro) será tomada como una invitación al miedo, si decir las cosas como son (no como deben ser) asusta inmisericordemente a las personas.

Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".



Querida:

Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.

Si notas en mis palabras frases negativas y maledicentes es porque en este momento me sobrecoge un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en esta estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto.

Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, si la frase misma (lo sé de seguro) será tomada como una invitación al miedo, si decir las cosas como son (no como deben ser) asusta inmisericordemente a las personas.

Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".



Querida:

Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.

Si notas en mis palabras frases negativas y maledicentes es porque en este momento me sobrecoge un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en esta estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto.

Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, si la frase misma (lo sé de seguro) será tomada como una invitación al miedo, si decir las cosas como son (no como deben ser) asusta inmisericordemente a las personas.

Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".



viernes, mayo 18, 2007

Al amanecer.

Al amanecer la luz llena a mis ojos
la temprana claridad ya vence al sueño
el recuerdo de tus labios amorosos
se presenta en el desgarro de la noche

el día que duele, evita desatinos
el hábito de sabanas, reproches
la ruda sensación como de abrojos
que se hunde en ti, en los despojos

y el inicio del placer se desbarata
al tocar el brillo del sol niño
que su calor sin ti se torna frío
y su llama ante ti se vuelve sombra

la opacidad del astro y tu faz clara
se transponen así lógico sueño
del duro despertar en la negrura
que mi carne percibe del empeño

miércoles, mayo 09, 2007

Abril, domingo por la tarde, 2007.

Amaneció y el color de la melancolía nublaba ya mis ojos, no es frecuente ni urgente este sentimiento, este sabor agridulce del recuerdo, de las pérdidas, del desamor se presenta de tarde en tarde y con poca frecuencia.

No es un asunto de soledad, la soledad es una construcción propia que tenemos que desentrañar con el paso del tiempo, la soledad es confinarse en una torre, cerrar con aldabas las ventanas, arrojar la llave y después lamentarse, tristemente y mucho tiempo, por la búsqueda infructuosa de la ganzúa en la total oscuridad causada por nosotros mismos. Es en realidad nuestro propio terror que se envuelve en mantos grises para perderse en si mismo y no encontrarse.

Es (la melancolía) la acción de la memoria al devolver los sentimientos y recuerdos afines para valorar con perspectiva los nuevos y cercanos acontecimientos.

El viernes decidí no llamar más, concentré mis sensaciones en unos ojos que me rememoraban otros del pasado y confundí ese viento de amable energía con el recuerdo antiguo.

Cuantas veces ponemos en el entendimiento ajeno nuestros propios deseos y ambiciones, y los llamamos química, encuentro o sentimiento (cuando la mayoría de las veces) es sólo este inconmensurable deseo de encontrarse a uno mismo en el otro lo que nos hace creer que es pasión.

Decidí, digo, tratar de ser objetivo y desenmascarar de mis deseos esas acciones y reacciones del otro que nos ayudan a entender su pensamiento, descubrí que todas y cada una de éstas se enfocaban en mantenerme cerca (pero no tan cerca), amables y dulces pero con un muro infranqueable que ahora me lleva a la prudencia. Decidí, decía, no llamar más y desde esa plática trunca sobre las elecciones; decidir.

Elegir desde la perspectiva de la vida es perder, si se eligió hacia la derecha, todas las enormes posibilidades que nos dan los árboles de la izquierda. Elegir, en fin, es perder parte de la vida en beneficio de otra parte que nos parece más adecuada. Por ende, toda elección conlleva pérdidas y sacrificios con la esperanza que esas pérdidas sean menores que las ganancias debidas a la elección realizada.

El rechazo, aun el muy amable, mueve a sentimientos de tristeza, de desazón; la ventaja con estos mis años es que ya se toma con amable sabiduría y dulce sensatez.

El sábado, entonces, me dediqué a buscar amigos cercanos y lejanos para vociferar en contra de todo y a favor de nada. Me encontré a la mitad del día con un sinnúmero de excusas que les permitía ignorar mi expedita necesidad de comunicación y desconocer lo que parecía, por lo cercano, doloroso trance (la una, decía que un pariente se encontraba en el hospital; otra que la insolación la mantenía en casa; una más, ya citada, se encontraba en el supermercado y lo había olvidado; la última del día, decía encontrarse en estado exhausto y sin coeficiente intelectual): las odio… y aun las quiero mucho.

Caminé kilómetros tratando de despojarme de la rabia y el silencio, caminé sin rumbo y cruzaba calles y centros comerciales en donde buscaba algo que aun no conocía, como un relámpago reconocí a la viuda de mi amigo más querido (aquel que en el velorio y el sepelio de mi padre se mantuvo a mi espalda (cuidando mis desvíos) velando mi desgracia) reconocí que su presencia (de la viuda) y la de su hermosa hija (a la que recordaba como niña) no me causaban el menor sentimiento y deduje en ese instante que el amor (la amistad, el cariño, el sentimiento) necesita concurrencia; sin mi amigo su viuda y su hija dejaron hace tiempo (para mi) de existir.

Pensé en el camino de regreso que ante la muerte lo demás es ocioso y que para el sentimiento la concurrencia y la correspondencia son esenciales y cuando faltan cualquier emoción (por fuerte que parezca) se desvanece.

Así llegó el melancólico domingo y recordaba aquel momento juvenil de amor truncado:

“Era mi Beatriz, mi Jeanne, mi Elena, mi Julieta, mi Dulcinea, mi Adelita y cada encuentro con la literatura, la música y el arte me refería a ella, a mi sol. Y viajábamos juntos al Infierno, a París, a Troya, a Macondo, al Cielo; y su inteligencia (su mente clara) me enamoraba, me deslumbraba, me intensificaba, me descubría, y el mundo era un lugar apetecible que podíamos mejorar y descubrir.

Pasábamos horas discutiendo el sentido de una escondida frase de un desconocido libro de Huxley, la idea detrás de un verso de Sor Juana, la explicación de un soneto de Quevedo, como en un día claro puede verse hasta siempre y por qué las mariposas eran amarillas. Llegábamos siempre a la misma solución, aunque nuestros métodos discurrían en caminos encontrados y nuestras conclusiones, aunque diferentes, embonaban; al unirlas el resultado era mejor que la suma de sus partes.

Ella pensaba amarillo y llegaba, yo, con plátanos; yo azul y comíamos dulces moras. Imaginaba un músico y ya escuchaba a Cat Stevens, un pintor y Vermeer en afiche aparecía; una ópera y lloramos la Traviatta. Una vida así era cómoda, amable, dichosa y deliciosa.

Pasaron un par de años y la complicidad se acrecentaba. Ya no era necesario discutir los desencuentros, ya no había. Sin siquiera abrir los ojos ella sabía, cuando comíamos fuera, si yo veía el menú o a la guapa morena de dos mesas más allá. Y se reía; y esa risa me subyugaba. Yo entendía sin palabras que la última frase de mi manual no le gustaba (por el sonido de la máquina) y lo cambiaba sin orgullo.

Fue en algunos momentos hasta atemorizante. Terminó siendo un asunto propio y de gran risa. Los amigos se veían entre si con ojos de sorpresa cuando sin dudas ella adivinaba la película sin mímica alguna, cuando yo sabía si había discutido con su padre o cual sería su elección del siguiente disco (L.P.).

Si era así en lo nimio con el amor y el cuerpo los placeres crecían hasta el abandono, saltábamos de la tabla del pirata y no tocábamos el agua, moríamos un poco cada noche y a la mañana renacíamos. Su boca me apacentaba, su piel me cubría por completo y su calor calmaba como nada el frío glaciar de mis derrotas. Mi ternura enfriaba con suspiros las disputas externas de su entorno. El amor se acrecentaba con caricias. El nido era inmune al exterior, era nuestro y lo habitábamos.”

Meditabundo recordaba ese pasaje del pasado, truncado por su repentina muerte, donde el encuentro de esos cuerpos juveniles negaba la realidad que circundaba. Ahora, algunos (muy pocos) años después encontré de nuevo esa chispa en los ojos de alguien más. Y hoy pasó de largo. De seguro, me parece, encontraré en el futuro pequeñas partes en nuevos personajes que me recuerden la apacible sensación del amor total.

Sonó el teléfono y a pregunta expresa sobre la melancolía dije.

-Pienso en la muerta, la viva se piensa sola.

Esa es la razón del íntimo meditar de esta cálida tarde de abril, ahora nublada como mis ojos matutinos, en la que escuchar, una y otra vez, las hondas frases de Zitarrosa; llevan y traen el pasado, reconfortan el presente y rememoran el futuro:

“Stefanie, no hay dolor más atroz que ser feliz” (¿será por la aflicción de lo que sigue, del futuro?).

“Por eso niña te pido que no me guardes rencor yo no puedo darte amor ni vos podés darme olvido”

“Puedo enseñarte a volar pero no seguirte el vuelo”

Y más y tarde escuchar una vez y otra y otra y otra:

“Un bel dí”; “O mio bambino caro”; “Una furtiva lagrima” o “Nessun dorma”.

Y recordar que la música, la poesía o la pintura no tiene sentido si no hay palabras (que expliquen primero el interior) y experiencias que les den valor y validez a esas expresiones artísticas.

Así al final del día me encuentro, como de costumbre, instalado en esta felicidad polenta, en la que caben tristezas ínfimas y
melancólicos recuerdos, matizados por la experiencia y el ánimo de que todo con buena actitud es perdurable y sabio.

saludos
ah

lunes, abril 30, 2007

Armada.

xxxxxxxxxx

Querida Amiga:


Hoy tengo que contarte sobre mi reconciliación con Armada.


Después de la hecatómbica diferencia que tuvimos en días pasados, dejar de hablarnos por al menos una semana y sufrir sus arrebatos (cosa que se vuelve cada día más frecuente) esta mañana amaneció generosa.


Y tú ya sabes lo que eso representa; el permitirme deslizar mis dedos sobre su coraza sin hacerme sentir culpable por las rápidas salidas al café; sentir esa energía que emana de su cuerpo y el sonido bajo y gutural de su respiración; tocar con parsimonia esos sus lugares donde (tu y yo sabemos) se enciende, para permitirme con tacto renovar nuestro diálogo (a veces monólogo); descorrí con sumo cuidado sus compuertas y mis dedos aletargados por semanas descubrieron sus lugares profundos.


El fluido ahí era tangible, las ráfagas energéticas salían despedidas como fuegos de artificio, pero yo sabía (me imaginaba, lo presentía) que este acercamiento mejoraría nuestra deteriorada relación, tome el adminículo y con sumo cuidado (con guantes para evitar desenlaces fatales) lo inserté con fuerza y con cuidado en su ranura, se encendió de inmediato con un sobrio siseo de tono bajo (el sonido de un minino cuando es feliz) diferente por completo al usual.


Voilá, las señales en su faz mostraban que llegaba cada vez más alto, más alto, fue sensacional, mi sudor se convirtió en placer y al final marcó.


Si, marcó 1028 megabytes (un giga) en su memoria RAM.

ah

domingo, abril 22, 2007

Sueño blanco
























Si sueñas un sueño blanco

un recurso de la mente

lejos, tan lejos del hielo

y tan cerca ya del cielo.

xxxxxxxxxxxxxx

Tus frágiles manos largas

tu cabello transparente

como corona de un ángel

al que le faltan las alas.

xxxxxxx

No ves, no hablas ni escuchas

de tanto dolor ausente

la soledad te acompaña

y de noche más, con saña.

xxxxxx

Miras y tomas recuerdos

pero tu voz no se siente

en la memoria escondida

te observas tan desvalida.

xxxxxx

Siento tu dolor enorme

en el corazón inscrito

con tinta negra sangrante

en ese blanco que miente.

xcxxxxxx

Si sueñas un sueño blanco

un recurso de la mente

lejos, tan lejos del hielo

y tan cerca ya del cielo.


viernes, abril 13, 2007

Festejo certero

mamamamamamamma

Entré al lugar acompañado de amigos, habíamos planeado festejar hasta bajas horas del siguiente día y sabíamos que nos encontraríamos con tres amigas desconocidas que Dodo había contactado.

Al entrar Dodo reconoció inmediatamente a Cantaclaro: Esper, Musa, Rud y yo (Ashh) veníamos por detrás y la encontramos ya sentada en una mesa para ocho, visión en extremo agradable; alta, delgada, ligeramente angulosa con un atractivo extremo y ancestral que recuerda a las mujeres celtas del bosque umbroso.

El lugar era numérico, con mesas colocadas a semejanza del juego de fichas con puntos, lo suficientemente ruidoso para fomentar el ambiente y amablemente silencioso como para, sin levantar la voz de forma excesiva, llevar una conversación medianamente inteligente.

Nos sentamos de forma caballeresca, las mujeres al centro, hablamos de nada y bromeamos de todo por varios minutos que nivelaron el estado de ánimo, se pasaba de una broma audaz a un sonrojo quimérico y de nuevo a otra más simple.

Nos reímos de nuestra desventura y nuestra suerte al vivir (el porcentaje en ese momento era abrumador) aun en la casa materna después de las telúricas separaciones, bromeamos sobre la desventura de la incomunicación, sobre nuestros defectos pírricos y nuestras heráldicas virtudes.

Musa, bella como de costumbre, observaba desde su crítico puesto y desmenuzaba amablemente la situación. Feliz por el estado de las cosas y la llegada desde el mar de un sentimiento.

Esper parecía como desubicado (tal vez las formas de Esperia eran diferentes y pasaba del amarillo al rojo, extrañamente los colores de su bandera) observaba y emitía monosílabos considerados.

Rud despotricaba rudamente de la situación (política, primigenia, selvática o personal) y sonreía amablemente a los deseos de Musa.

Cantaclaro nueva en el grupo se integraba con sonrisas y bromeaba con amabilidad inteligente. Hacía alianzas contra alguno de nosotros y después las deshacía para arremeter contra un tercero que se sorprendía de su habilidad para las asociaciones efímeras.

Dodo, estratégico por costumbre, valoraba la situación preocupado por la disparidad de géneros y estaba listo para utilizar su receptor multimodal para solicitar refuerzos.

Ashh desde mi trinchera desvariaba en ocasiones ruda y más frecuentemente solícita sobre la vida virtual, y sus consecuencias, que nos había unido en esta noche de festejo.

Aparecieron dos bellas, altas y hermosas, que se acercaron y presentaron, después de saludar (de forma cómplice) a Cantaclaro.

Saludé primero a Candy que, como confirmé más adelante, era toda ella risa y simpatía. Me recordaba, sin razón y como halago, a las viejas amigas de la escuela de moda (ninfas clase medieras que buscábamos y esperábamos a la salida de sus clases) en los adolescentes setentas.

Por último Hara con sabiduría y conocimiento en sus ojos orientales y una piel tersa que agradecí al saludarla; ahí, el tiempo se detuvo y sentí ese aire de energía que fluía de su centro hacia mi origen, dulce y empático.

Rud animoso disertaba y acometía con palabras simpáticas, Candy reía y la risa se desmoronaba en dulce, Hara sonreía y ayudaba a mantener ese divertido momento, el resto en contraste sólo escuchábamos a las recién llegadas que hermosas y hambrientas se posesionaron del menú, atacaron con preguntas inverosímiles a la mesera y a la concurrencia, que hasta ese momento se encontraba inapetente, y lograron convertirnos, por magia, en jauría famélica.

Lo que siguió fue una de las mejores horas de diversión entre ocho personas de la que tenga memoria; hablábamos con nuestro vecino, en un momento, y contestábamos al más lejano, en el otro, no entendí nada y creo que nadie lo hizo, aun cuando, el sentimiento general era de amable camaradería y de festejo.

Decidimos cambiar de lugar, una buena aventura nocturna no lo es si no visitas al menos tres lugares en el transcurso de la noche, y escogimos el karaoke de moda. Hara en ese momento avisó que el estado de su corazón no era bueno y que necesitaba descanso urgente para repararlo, no nos acompañó y un sentimiento de tristeza me acompañó el resto de la noche.

Llegamos al lugar de canto ya en desproporción numérica, dos amigas más de Dodo llegaron y se fueron sin pena ni gloria, adujeron estados emocionales contraproducentes y desaparecieron en la noche. Sólo recuerdo la acritud de sus rostros.

Aunque divertido y con muestras de la artística voz de Cantaclaro, de Rud en un estado que en un santiamén se parecía extrañamente al catatónico, de Musa y Esper que en momentos parecían ausentes, de baile que no disfrutaba al menos desde hace dos lustros y que ahora me parecía divertido, de las miradas amables y risueñas de Candy y Cantaclaro y de la divertida solicitud de ayuda para la danza de Dodo. La unísona camaradería y unión de hacia unos momentos se fue desvaneciendo con la madrugada.

Musa y Esper partieron sin dejar rastro y una media hora después salimos a la noche y en homérica caravana citadina, visitando una isla y luego otra, dejamos ilesas a las damiselas y Dodo (el héroe de la noche), estoicamente, repartió ya cercano el amanecer, a los dos guerreros restantes para dar por terminado el festejo certero.

saludos

ah

viernes, abril 06, 2007

Mientras tanto.

Hoy en este viernes santo; escuchaba a un trovador

de los de antaño, sufridos; desde el más profundo sur

y sus palabras dolientes; me acuchillan los recuerdos

algunos son dulces mieles, otros duros desosiegos;

pero ahora entiendo frases, que en el antaño cercano

parecían estrofas simples, son como luces de mente

y ya que tomé el camino; de payar como en la pampa,

mientas recojo permisos, para pegar otro escrito

espero les guste éste; que es de todos mis recuerdos;

el hombre lo dijo antaño, hace ya cuarenta abriles,

era grande y era gentil, el caballero florido

que dice ya lo que sigue; el payador perseguido:

Estas cosas que yo pienso

no salen por ocurrencia

para formar mi experiencia

yo masco antes de tragar,

ha sido largo el rodar

de’onde saque la advertencia.

mmmmmmmmmmmmmmmmmm

Si uno pulsa la guitarra

pa’cantar cosas de amor,

de potros, de domador,

de la sierra y las estrellas

dicen que cosa más bella.

¡Si canta que es un primor!

mmmmmmmmmmmmmmmmmm

Pero si uno como fierro

por ahí se larga opinando

el pobre se va acercando

con las orejas alertas y

el rico bicha la puerta

y se aleja reculando.

mmmmmmmmmmmmmmmmmm

Debe trazar bien su melda

quien se tenga por cantor

porque sólo el impostor

se acomoda en toda huella

que elija una sola estrella

quien quiera ser sembrador.

mmmmmmmmmmmmmmmmmmmm

En el trance de elegir

que mire el hombre pa’dentro

donde se hacen los encuentros

de pensare y de sentire

después que tire onde’tire

con la consciencia por centro.

mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm

El payador perseguido, relato por milonga de Atahualpa Yupanqui

Disco L.P. fabricado por Odeon S.A., Santiago (Chile), 1965.

mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm

saludos

ah