viernes, agosto 03, 2007

Manzana.


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Desde el árbol del hendido paraíso

se deshacen las mentes más rotundas

sobre el quid que se encarama en friso

con respuestas sesudas y profundas.

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¿Si la manzana enerva las bondades?

¿Si es siempre la serpiente la culpable?

O si sólo se encuentra en las edades

la lógica del dios y el innombrable.

x

Mal y bien se encuentran sobre el río

que separa la vida de la muerte

si navego sobre el agua, ya porfío,

x

y si me hundo en ella, que deserte.

A la izquierda del saber, si siento frío,

o virar a la derecha si hubo suerte.

x

Arturo Herrera ©

miércoles, julio 18, 2007

Soy.


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Escribí este texto ya hace algunas semanas y pensé varias veces en pegarlo al blog, me detenía un poco de prudencia y de timidez ante lo abrupto de mi discurso sobre un tema que siempre es polémico. Hoy, después de las noticias de la semana sobre el juicio a los sacerdotes pederastas en los Estados Unidos y el desprecio total a las instituciones de justicia de los prelados católicos, (llámese cardenal mahoney, o algo así, y el cardenal mexicano, de cuyo nombre no quiero acordarme) que prefirieron pagar (del propio dinero de la congregación, o de la santa sede, [no puedo dejar de hacer un juego de palabras: “la santa cede”]) una cantidad obscena de dólares para evitarse la pena de declarar ante un jurado. El precio me parece adecuado, son algo así como 666 millones de diabólares. Sé que no es la cantidad exacta pero hacer referencia del número que nos lleva a la edad primera del catolicismo, de el uso de esa cifra para nombrar al “mal” y de las relaciones que se ejercen a través de los siglos para demostrar que no hemos cambiado nada (para ser asertivos diré: muy poco) desde los inicios de está religión con excepción de que en esos inicios el “mal” se encontraba afuera y ahora está adentro de ella.

Vaya pues este texto mío que ahora parece totalmente suave y benevolente.

Soy

Soy absolutamente ateo y totalmente anticlerical pero lo más difícil, decidí hace mucho tiempo no intentar convencer a nadie de acompañarme en esta búsqueda hacia la nada.

Admiro profundamente a las personas que con conocimiento de causa prefieren anteponer su fe, su creencia a las vicisitudes de la razón. Admiro más por cierto a los que han intentado incrementar el conocimiento que tienen de su fe y han realizado un viaje (parecido al mío) para alcanzar esa certeza. Aunque nuestros caminos sean divergentes.

A los que no admiro son a los que requieren del dogma para minimizar a sus congéneres, para radicalizar una posición sólo con el argumento de que es dicho por la iglesia o por un docto doctor o por un iniciado o por un maestro emérito o por un simple licenciado (el caso es que no soporto a las personas con ideas de otros y solamente ideas de otros), en el caso católico por el papa, en otros casos por las personas que detentan el poder religioso. A los que el solo hecho de pertenecer a una congregación les confiere la potestad de proliferar e instigar a la comunidad a la “verdad”.

Soy profundamente ateo y no respeto a los personajes que anteponen sus gracias o desgracias a dios por encima de sus merecimientos o carencias, la posición de dios y su deseo es siempre la excusa de sus bienes y sus desdenes. No respeto a la acendrada moral que elimina la decisión personal y donde el libre albedrío solo es correcto si sigue las directrices desarrolladas por el dogma en curso, aunque este sea totalmente diferente al dogma milenario.

Soy totalmente anticlerical (en este caso si católico) porque veo en ese aparato manipulador a muchos de los males que engendran a la sociedad occidental moderna, la total falta de claridad y sujeción ante el poder, su ceguera insensata hacia los grandes perjuicios que ocasionan sus prelados atacando sin cuartel a niños desarmados y refugiándose luego bajo la sotana del cardenal cercano, que en aras del “bien” eclesiástico los oculta y los ayuda para evitar su merecido castigo.

Refreno mis ansias de proferir aquí ofensas en contra del anciano marcial y decrépito al que sólo se aleja de los “usos” de la iglesia cuando no sólo es un animal masieliento, de bajas costumbres e inconfeso sino que hay testimonios de hombres probos que lo desenmascaran y relatan sus desventuras cuando utilizó su posición de mentor para abusar de ellos. Y la institución papal lo aclama como protector de la fe.

Prefiero, entonces mantener este estado de ateísmo anticlerical para defender mi alma, esa de la que las religiones se creen poseedoras, alejada de su abulia y su doble moral, para así; en un final de doble giro (como las hélices del ADN) redescubrir por último que la ausencia de dios (de deidad, de primer motor, de energía creadora, de cuantos energéticos) te lleva irremediablemente a la luz, a la iluminación y que tu alma emerge del pozo mal oliente de esa desechada religión sin mácula y dispuesta a encontrar mejores y más fructíferos caminos.

Arturo Herrera ©

viernes, julio 13, 2007

Shockin.

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Empecé a quererla porque sí, por nada (Zitarrosa), porque estaba ahí, enfrente, y todos los días a partir de ese fugaz descubrimiento mi sentir crecía, como un adagio que se encamina a un finale presto, su cabello largo y negro, su andar acompasado y deslizante, su cuerpo (que ya en ese momento para mi) era el mejor cuerpo del mundo. Llamémosla Shockin.

Nunca más, desde ese remoto pasado, he vuelto ha encontrar piel tan gruesa y tan dúctil como aquella. Respuesta tan rápida y emocionada como esa. Prisas y tropiezos como aquellos. Al final, la experiencia cobra su peaje.

No veía y no escuchaba si no era a través de ella, de sus ojos, de sus manos. Ese inmenso amor que sólo se encuentra antes del conocimiento, antes de la vida, en el principio.

Ahora, tardamos varios segundos, varias vidas en reconocernos. Y como no. Si la sonrisa hermosa de su boca está encarcelada por aditamentos metálicos, si a mi boca amorosa la emboza un bigote que ella no conoció siquiera y ahora mi papada ya no es germinal, su negro cabello a la cintura hoy es corto y decolorado, su nariz con apenas una curva ligera es ya mayor. Los ojos, ahí nos encontramos, tras las arrugas y los sinsabores la chispa está aun en las pupilas, la luz que emite el reconocimiento rememora a aquella antigua del deseo.

Podrían pasar dos vidas más y no olvidaría esos labios carnosos que ahora me presentan a su esposo.

Sus hijos, que no son míos, tienen treinta años. Por dios, apenas los dos sumábamos esa cantidad cuando nos besábamos.

-¿Y te casaste? Pregunta así, como sin importancia.

Mi respuesta es la misma de siempre.

-Si, tres veces.

A esa frase le sigue, por costumbre, una carcajada sonora, pero hoy, hoy la risa es menos estruendosa y con un dejo de fracaso.

Trato de recordar como terminó, como la distancia pudo más que nuestro sentimiento y recuerdo un cambio de dirección, un cambio de horario, un pasar de secundaria a preparatoria, un cumplir dieciséis, una sincronía que se tornó lejanía.

- Fue un placer saludarte. Me despido.

Tomo su mano y mi diestra no la reconoce, han pasado tantos días que nuestra piel ya es presa del olvido, me acerco y la beso amable, ya no hay aroma de hormona floreciente, me alejo, veo sus ojos, es ahí donde habita el recuerdo.

- Igualmente, nos veremos otro día, me dijo al despedirse.

- Mucho gusto José, adiós María.


Arturo Herrera ©

martes, julio 03, 2007

Lector etéreo.

Al saber embózalo Juana Inés,

la habilidad ocúltala Dupin

hasta llamarte arena y serafín.


Emily; las borrascas de costumbre

del translúcido aceite caes, Lillian

y del propio lugar, Virginia, brillan.


Gabrielle, ¿cómo llegaste a ser Colette?

Elena pidió paz, lloró Mistral

y con Safo son parte del total.


Desde el latín de la soltera Castellanos

hasta las huellas sutiles de Alfonsina

se mantiene la arcaica Eufrosina.


Mary aterra a las consciencias

del duro acero del orgullo

Austen sin prejuicio del murmullo.


Anais, al fin una completa y

del saber, en manos divertidas,

ángeles en escribas convertidas.


Arturo Herrera ©

miércoles, junio 20, 2007

Amor etéreo.

Desiste del crepúsculo Desdémona,

recula Calixto hasta la línea

si enfrentas al astado sin cadena,

le rompes la ilusión, mi Dulcinea.

xxxxxxxxxxxx

Recuerda a los osados, pura Diana

huye de los lerdos, Friné hermosa

cuando se depende del amor, manzana,

las hieren con fruición, se les destroza.

xxxxxxx

De las ilusiones, Juana ten cuidado

porque una Isabel ya tiene el cetro

y lo usa de falo, no es discreto.

xx

¿Y el amor etéreo? Beatriz celeste,

se deshace marchito, dura mitra,

del mal amante en turno, Margarita.

xx

Arturo Herrera ©

domingo, junio 17, 2007

El baño.

El baño, la regadera en específico, es y ha sido un vínculo para mi estructura de vida. Es en el lugar donde dilucido grandes temas, no sé si el agua salpicando sobre la piel, el sonido que hace contra las cortinas plásticas o el desenfadado vapor que humedece mis vías respiratorias provocan un estado de conciencia alterada que me permite verme, en muchas ocasiones por fuera de mí. Como alma llevada hacia fuera por míticos personajes, como resultado de meditación oriental profunda, como desdoblamiento onírico astral, etc. Fuera de mi.

Por otro lado, las palabras, por el sólo hecho de serlo, me gustan más o me disgustan menos y tengo las consideradas preferidas.

Perogrullo es una de ellas, y al entrar a la regadera venía acompañándome silenciosa desde una lectura anterior que la refería, nada amablemente, en relación a los políticos, Perogrullo puede parecer despectiva o agresiva pero es desde luego una de las mejores palabras del diccionario.

En adición, y ya en ese estado de meditación lúdica que representa el baño, me saltó (como saltan los gatos cazadores sobre su presa) otra querida palabra:

Tautología, para retarme (otorgándole, a la palabra, cierto animismo estrafalario) a explicar por qué: la primera de forma despectiva y la segunda de manera culterana, significan casi lo mismo.

Perogrullo:

Verdad o certeza que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza el decirla.

Tautología:

Repetición inútil y viciosa. Despectiva

Repetición de un mismo pensamiento expresado de distintas maneras

En ciencia: verdad evidente por sí misma.

Que se utiliza como argumento inicial de una demostración matemática o lógica.

Así dicho, descubro (en el baño) que todo esto que he dicho es o un Perogrullo o una tautología, lo que nos lleva a concluir que los pensamientos suscitados en la regadera son (en el mejor de los casos) circulares y no extracorpóreos. ¿Perogrullo de nuevo? ¿Tautología?

Arturo Herrera ©

sábado, junio 09, 2007

Hoy sin ir más lejos.


Las apariciones son cosa de todos los días

en un aparador lo encontré observando

hoy sin ir más lejos al cruzar las vías

vi en la otra esquina sus ojos mirando

en mi juventud, asomo de vida

a los veinticinco la savia sedienta

mi padre el doctor murió de salida

y el viejo papá no llegó a cincuenta

época de dudas, un par de años antes

lo traje al correr durante minutos

ya con la raqueta resoplaba guantes

y cayó rendido sin aire y sin frutos

ahora parece, con más años que el viejo,

que ayer no murió, se escondió un momento,

al ver a mi hijo me vence el reflejo

lo veo fugazmente siempre que me afeito

soy ahora mi padre y mi hijo también

él se encuentra inserto en nuestro movimiento

soy siempre su hijo y mi hijo también

y los tres unidos nos damos sustento.

Arturo Herrera ©

sábado, junio 02, 2007

La dama de Argón.

Reino del Dolmen, Bosque Umbroso, 1315

Misiva a la Reina Filósofa sobre la dama de Argón.

Querida Reina:
Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.
Si notas en mis palabras frases negativas y maledicientes es porque en este momento me estremece un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en este estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto, mi alma, mi persona toda.
Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿Cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno (llamémosla Estúltica de Argón (ya conoces mi predilección por las esdrújulas)) que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, que nuestras almas son cercanas y se acoplan, que nuestras energías son especulares; si sé que las frases mismas (lo sé de seguro) serán tomadas como una invitación al miedo. Sí, decir las cosas como son (no como deben ser) asusta de forma inmisericorde a las personas.
Ya habíamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patológico ritual al cual está (están) acostumbrada (acostumbradas) sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisión, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia y el conocimiento personal.
Por ende, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento por ella no soportara estoicamente.

En fin, engañarla del modo más artero para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.
¿Y qué crees? Pensé (verbo en tiempo pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la fábula") que ella era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en la corte la habían forjado con acero diferente.

ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso): esta apertura y claridad de mi parte la tomó (a ella) primero por sorpresa y después la percibió como acoso y la asumió con sufrimiento, llegué a sentir su temor, y todo esto por hablarle llanamente de mis sentimientos y pensamientos hacia ella.
El resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó, inmisericorde, lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontró frases que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".

“Explica, plica, si la verdad radica o la disculpa aplica” sería el lema de nuestra misiva que de pasional no sé si sea entendible.

Espero tu pronta respuesta que refrescará mi mente enferma con tus frases que se vuelven perlas y tus caricias que son tan amorosas (espero que esta frase no te haga brincar como a la interfecta) donde, ya al recibirte en palabras, mi descanso se vuelve apetecible y apacible.

Autárquio de Crimea

Arturo Herrera ©



Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".

Querida:

Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.

Si notas en mis palabras frases negativas y maledicentes es porque en este momento me sobrecoge un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en esta estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto.

Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, si la frase misma (lo sé de seguro) será tomada como una invitación al miedo, si decir las cosas como son (no como deben ser) asusta inmisericordemente a las personas.

Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".

Querida:

Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.

Si notas en mis palabras frases negativas y maledicentes es porque en este momento me sobrecoge un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en esta estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto.

Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, si la frase misma (lo sé de seguro) será tomada como una invitación al miedo, si decir las cosas como son (no como deben ser) asusta inmisericordemente a las personas.

Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".

Querida:

Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.

Si notas en mis palabras frases negativas y maledicentes es porque en este momento me sobrecoge un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en esta estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto.

Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, si la frase misma (lo sé de seguro) será tomada como una invitación al miedo, si decir las cosas como son (no como deben ser) asusta inmisericordemente a las personas.

Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".



Querida:

Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.

Si notas en mis palabras frases negativas y maledicentes es porque en este momento me sobrecoge un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en esta estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto.

Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, si la frase misma (lo sé de seguro) será tomada como una invitación al miedo, si decir las cosas como son (no como deben ser) asusta inmisericordemente a las personas.

Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".



Querida:

Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.

Si notas en mis palabras frases negativas y maledicentes es porque en este momento me sobrecoge un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en esta estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto.

Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, si la frase misma (lo sé de seguro) será tomada como una invitación al miedo, si decir las cosas como son (no como deben ser) asusta inmisericordemente a las personas.

Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".



Querida:

Como de costumbre, cada que tengo un movimiento de alma recurro a ti, mi filósofa, para desentrañar (sacar de las entrañas) estos sentimientos que se arrojan sobre la razón.

Si notas en mis palabras frases negativas y maledicentes es porque en este momento me sobrecoge un mal sentimiento, los acontecimientos de la última semana parecen, son, tan sobrecogedores, tan divergentes que me mantienen en esta estado de postración inválida, a la que sólo recurro en casos de emergencia, y escribirte es una de las pocas cosas que apaciguan mi intelecto.

Sucede, ángel mío, que cometo los mismos errores una y otra vez, ¿cómo si no? Puedo decirle a la hermosa en turno que me gusta y que siento un hilo conductor que me lleva a ella, si la frase misma (lo sé de seguro) será tomada como una invitación al miedo, si decir las cosas como son (no como deben ser) asusta inmisericordemente a las personas.

Ya habiamos concordado que la próxima vez que me acercara a una bella lo haría con ese patólogico ritual al cual está (están) acostumbrada, sería desde el principio un discurso suave y rosa que no le llevara a tomar ninguna decisíón, la mantendría en un nicho de seguridad y de protección del que no deseara salir, la comodidad y la esperanza de un futuro tranquilo y sin sobresaltos es mucho más deseable que el uso de la inteligencia.

En fin, no cuestionar sus ideas ni las de la sociedad opresora en la que nos movemos, para con sagacidad, insuflarle en el espíritu la necesidad de mi persona y la convicción pura de que no importaría ningún rechazo que mi sentimiento no soportara estoicamente.

En fin, engañarla como chino para lograr su sentimiento que después en el futuro la venganza por estos rechazos sería cobrada con creces.

¿Y qué crees?

Pensé (verbo en pasado que denota la propia estupidez de la acción o como dirías en una de tus mejores frases, "hablar de uno mismo es hablar del tonto de la película") que era diferente, que los años de moldeo social ni habían hecho ningún menoscabo en su inteligencia, que sus estudios y su alta posición en el trabajo la habian forjado con acero diferente. ERROR, amiga, ERROR, la sociedad suscita pensamientos estúpidos aun en el mejor de sus hombres o mujeres (parece frase misógina pero sabes que desde hace mucho no las uso) y esta apertura y claridad de mi parte la tomó como acoso y con sufrimiento, llegué a sentir su temor, por hablarle llanamente de mis sentimientos hacia ella.

el resultado, ella buscó denodadamente grietas en mi disertación, buscó inmisericorde lugares comunes sobre relaciones odiosas (y odiadas por mi) encontro frase que de tan lerdas menospreciaban mi inteligencia y la suya. Sabes bien amiga que algo que detesto es la anteposición de Dios (el que fuere) a nuestros actos y decisiones, de agradecer a la divinidad nuestra posición y nuestra suerte o nuestros descalabros y dudas. Así, en epístola supina describe su desventura y termina con un "disculpa me he sentido abrumada".



viernes, mayo 18, 2007

Al amanecer.

Al amanecer la luz llena a mis ojos
la temprana claridad ya vence al sueño
el recuerdo de tus labios amorosos
se presenta en el desgarro de la noche

el día que duele, evita desatinos
el hábito de sabanas, reproches
la ruda sensación como de abrojos
que se hunde en ti, en los despojos

y el inicio del placer se desbarata
al tocar el brillo del sol niño
que su calor sin ti se torna frío
y su llama ante ti se vuelve sombra

la opacidad del astro y tu faz clara
se transponen así lógico sueño
del duro despertar en la negrura
que mi carne percibe del empeño

miércoles, mayo 09, 2007

Abril, domingo por la tarde, 2007.

Amaneció y el color de la melancolía nublaba ya mis ojos, no es frecuente ni urgente este sentimiento, este sabor agridulce del recuerdo, de las pérdidas, del desamor se presenta de tarde en tarde y con poca frecuencia.

No es un asunto de soledad, la soledad es una construcción propia que tenemos que desentrañar con el paso del tiempo, la soledad es confinarse en una torre, cerrar con aldabas las ventanas, arrojar la llave y después lamentarse, tristemente y mucho tiempo, por la búsqueda infructuosa de la ganzúa en la total oscuridad causada por nosotros mismos. Es en realidad nuestro propio terror que se envuelve en mantos grises para perderse en si mismo y no encontrarse.

Es (la melancolía) la acción de la memoria al devolver los sentimientos y recuerdos afines para valorar con perspectiva los nuevos y cercanos acontecimientos.

El viernes decidí no llamar más, concentré mis sensaciones en unos ojos que me rememoraban otros del pasado y confundí ese viento de amable energía con el recuerdo antiguo.

Cuantas veces ponemos en el entendimiento ajeno nuestros propios deseos y ambiciones, y los llamamos química, encuentro o sentimiento (cuando la mayoría de las veces) es sólo este inconmensurable deseo de encontrarse a uno mismo en el otro lo que nos hace creer que es pasión.

Decidí, digo, tratar de ser objetivo y desenmascarar de mis deseos esas acciones y reacciones del otro que nos ayudan a entender su pensamiento, descubrí que todas y cada una de éstas se enfocaban en mantenerme cerca (pero no tan cerca), amables y dulces pero con un muro infranqueable que ahora me lleva a la prudencia. Decidí, decía, no llamar más y desde esa plática trunca sobre las elecciones; decidir.

Elegir desde la perspectiva de la vida es perder, si se eligió hacia la derecha, todas las enormes posibilidades que nos dan los árboles de la izquierda. Elegir, en fin, es perder parte de la vida en beneficio de otra parte que nos parece más adecuada. Por ende, toda elección conlleva pérdidas y sacrificios con la esperanza que esas pérdidas sean menores que las ganancias debidas a la elección realizada.

El rechazo, aun el muy amable, mueve a sentimientos de tristeza, de desazón; la ventaja con estos mis años es que ya se toma con amable sabiduría y dulce sensatez.

El sábado, entonces, me dediqué a buscar amigos cercanos y lejanos para vociferar en contra de todo y a favor de nada. Me encontré a la mitad del día con un sinnúmero de excusas que les permitía ignorar mi expedita necesidad de comunicación y desconocer lo que parecía, por lo cercano, doloroso trance (la una, decía que un pariente se encontraba en el hospital; otra que la insolación la mantenía en casa; una más, ya citada, se encontraba en el supermercado y lo había olvidado; la última del día, decía encontrarse en estado exhausto y sin coeficiente intelectual): las odio… y aun las quiero mucho.

Caminé kilómetros tratando de despojarme de la rabia y el silencio, caminé sin rumbo y cruzaba calles y centros comerciales en donde buscaba algo que aun no conocía, como un relámpago reconocí a la viuda de mi amigo más querido (aquel que en el velorio y el sepelio de mi padre se mantuvo a mi espalda (cuidando mis desvíos) velando mi desgracia) reconocí que su presencia (de la viuda) y la de su hermosa hija (a la que recordaba como niña) no me causaban el menor sentimiento y deduje en ese instante que el amor (la amistad, el cariño, el sentimiento) necesita concurrencia; sin mi amigo su viuda y su hija dejaron hace tiempo (para mi) de existir.

Pensé en el camino de regreso que ante la muerte lo demás es ocioso y que para el sentimiento la concurrencia y la correspondencia son esenciales y cuando faltan cualquier emoción (por fuerte que parezca) se desvanece.

Así llegó el melancólico domingo y recordaba aquel momento juvenil de amor truncado:

“Era mi Beatriz, mi Jeanne, mi Elena, mi Julieta, mi Dulcinea, mi Adelita y cada encuentro con la literatura, la música y el arte me refería a ella, a mi sol. Y viajábamos juntos al Infierno, a París, a Troya, a Macondo, al Cielo; y su inteligencia (su mente clara) me enamoraba, me deslumbraba, me intensificaba, me descubría, y el mundo era un lugar apetecible que podíamos mejorar y descubrir.

Pasábamos horas discutiendo el sentido de una escondida frase de un desconocido libro de Huxley, la idea detrás de un verso de Sor Juana, la explicación de un soneto de Quevedo, como en un día claro puede verse hasta siempre y por qué las mariposas eran amarillas. Llegábamos siempre a la misma solución, aunque nuestros métodos discurrían en caminos encontrados y nuestras conclusiones, aunque diferentes, embonaban; al unirlas el resultado era mejor que la suma de sus partes.

Ella pensaba amarillo y llegaba, yo, con plátanos; yo azul y comíamos dulces moras. Imaginaba un músico y ya escuchaba a Cat Stevens, un pintor y Vermeer en afiche aparecía; una ópera y lloramos la Traviatta. Una vida así era cómoda, amable, dichosa y deliciosa.

Pasaron un par de años y la complicidad se acrecentaba. Ya no era necesario discutir los desencuentros, ya no había. Sin siquiera abrir los ojos ella sabía, cuando comíamos fuera, si yo veía el menú o a la guapa morena de dos mesas más allá. Y se reía; y esa risa me subyugaba. Yo entendía sin palabras que la última frase de mi manual no le gustaba (por el sonido de la máquina) y lo cambiaba sin orgullo.

Fue en algunos momentos hasta atemorizante. Terminó siendo un asunto propio y de gran risa. Los amigos se veían entre si con ojos de sorpresa cuando sin dudas ella adivinaba la película sin mímica alguna, cuando yo sabía si había discutido con su padre o cual sería su elección del siguiente disco (L.P.).

Si era así en lo nimio con el amor y el cuerpo los placeres crecían hasta el abandono, saltábamos de la tabla del pirata y no tocábamos el agua, moríamos un poco cada noche y a la mañana renacíamos. Su boca me apacentaba, su piel me cubría por completo y su calor calmaba como nada el frío glaciar de mis derrotas. Mi ternura enfriaba con suspiros las disputas externas de su entorno. El amor se acrecentaba con caricias. El nido era inmune al exterior, era nuestro y lo habitábamos.”

Meditabundo recordaba ese pasaje del pasado, truncado por su repentina muerte, donde el encuentro de esos cuerpos juveniles negaba la realidad que circundaba. Ahora, algunos (muy pocos) años después encontré de nuevo esa chispa en los ojos de alguien más. Y hoy pasó de largo. De seguro, me parece, encontraré en el futuro pequeñas partes en nuevos personajes que me recuerden la apacible sensación del amor total.

Sonó el teléfono y a pregunta expresa sobre la melancolía dije.

-Pienso en la muerta, la viva se piensa sola.

Esa es la razón del íntimo meditar de esta cálida tarde de abril, ahora nublada como mis ojos matutinos, en la que escuchar, una y otra vez, las hondas frases de Zitarrosa; llevan y traen el pasado, reconfortan el presente y rememoran el futuro:

“Stefanie, no hay dolor más atroz que ser feliz” (¿será por la aflicción de lo que sigue, del futuro?).

“Por eso niña te pido que no me guardes rencor yo no puedo darte amor ni vos podés darme olvido”

“Puedo enseñarte a volar pero no seguirte el vuelo”

Y más y tarde escuchar una vez y otra y otra y otra:

“Un bel dí”; “O mio bambino caro”; “Una furtiva lagrima” o “Nessun dorma”.

Y recordar que la música, la poesía o la pintura no tiene sentido si no hay palabras (que expliquen primero el interior) y experiencias que les den valor y validez a esas expresiones artísticas.

Así al final del día me encuentro, como de costumbre, instalado en esta felicidad polenta, en la que caben tristezas ínfimas y
melancólicos recuerdos, matizados por la experiencia y el ánimo de que todo con buena actitud es perdurable y sabio.

saludos
ah