martes, octubre 07, 2008

Tlaltelolco 68, Jaime sabines


1

 .

Nadie sabe el número exacto de los muertos,

ni siquiera los asesinos,

ni siquiera el criminal.

(Ciertamente, ya llegó a la historia

este hombre pequeño por todas partes,

incapaz de todo menos del rencor.)

 .

Tlaltelolco será mencionado en los años que vienen

como hoy hablamos de Río Blanco y Cananea,

pero esto fue peor,

aquí han matado al pueblo;

no eran obreros parapetados en la huelga,

eran mujeres y niños, estudiantes,

jovencitos de quince años,

una muchacha que iba al cine,

una criatura en el vientre de su madre,

todos barridos, certeramente acribillados

por la metralla del Orden y Justicia Social.

 .

A los tres días, el ejército era la víctima de los desalmados,

y el pueblo se aprestaba jubiloso

a celebrar las Olimpiadas, que darían gloria a México.

 .

2

 .

El crimen está allí,

cubierto de hojas de periódicos,

con televisores, con radios, con banderas olímpicas.

 .

El aire denso, inmóvil,

el terror, la ignominia.

alrededor las voces, el tránsito, la vida.

Y el crimen está allí.

 .

3

 .

Habría que lavar no sólo el piso; la memoria.

Habría que quitarles los ojos a los que vimos,

asesinar también a los deudos,

que nadie llore, que no haya más testigos.

Pero la sangre echa raíces

y crece como un árbol en el tiempo.

La sangre en el cemento, en las paredes,

en una enredadera: nos salpica,

nos moja de vergüenza, de vergüenza, de vergüenza.

 .

La bocas de los muertos nos escupen

una perpetua sangre quieta.

 .

4

.

Confiaremos en la mala memoria de la gente,

ordenaremos los restos,

perdonaremos a los sobrevivientes,

daremos libertad a los encarcelados,

seremos generosos, magnánimos y prudentes.

 .

Nos han metido las ideas exóticas como una lavativa,

pero instauramos la paz,

consolidamos las instituciones;

los comerciantes están con nosotros,

los banqueros, los políticos auténticamente mexicanos,

los colegios particulares,

las personas respetables.

Hemos destruido la conjura,

aumentamos nuestro poder:

ya no nos caeremos de la cama

porque tendremos dulces sueños.

 .

Tenemos Secretarios de Estado capaces

de transformar la mierda en esencias aromáticas,

diputados y senadores alquimistas,

líderes inefables, chulísimos,

un tropel de putos espirituales

enarbolando nuestra bandera gallardamente.

 .

Aquí no ha pasado nada.

Comienza nuestro reino.

.

5

 .

En las planchas de la Delegación están los cadáveres.

Semidesnudos, fríos, agujereados,

algunos con el rostro de un muerto.

Afuera, la gente se amontona, se impacienta,

espera no encontrar el suyo:

"Vaya usted a buscar a otra parte."

 .

6

 .

La juventud es el tema

dentro de la Revolución.

El gobierno apadrina a los héroes.

El peso mexicano está firme

y el desarrollo del país es ascendente.

Siguen las tiras cómicas y los bandidos en la televisión.

hemos demostrado al mundo que somos capaces,

respetuosos, hospitalarios, sensibles

(¡Qué Olimpiada maravillosa!),

y ahora vamos a seguir con el "Metro"

porque el progreso no puede detenerse.

 .

La mujeres, de rosa,

los hombres, de azul cielo,

desfilan los mexicanos en la unidad gloriosa

que constituye la patria de nuestros sueños.

.

lunes, septiembre 29, 2008

Manual de egonomía I


Sábado 27 de septiembre "El Ágora" del Parque Naucalli

Todos estabamos invitados por Fernando a la lectura del grupo que coordina Elisena (Maga blanca) con el maestro Odilón : El grupo Urawa... y disfrutamos las lecturas de Roberto Omar, Elías Dávila, el propio Odilón y un par de escritores toluqueños más (Disculpen la falta de apellidos y los nombres de los otros dos amigos pero soy muy despistado).  Por el Congal sólo aparecimos Natalia y yo.
La lectura fue multitudinaria (veinte almas, niños incluidos). El rumor sobre mi timidez quedó confirmado.

No queda más que decir, sólo que me divertí mucho. 

(Camarógrafa y sonidista: Natalia Olvera)

domingo, septiembre 21, 2008

Microbiología

Corrían los años anteriores al error, la vida era difícil pero no como llegó a ser después. Justo a la mitad de mi tercera década, la posición que disfrutaba en el trabajo era óptima (promovido a una dirección administrativa y con un paquete accionario que me convertía en uno de los tres socios) y las mieles del éxito comenzaban a tocarme.

 Era viernes y la llegada de un proveedor que venía de una ciudad de occidente nos atrasaba la salida.

 ▬ Sr. Moreno los saldos y los descuentos de su cuenta ya están completos. ¿Desea otra cosa?  ▬ Le dije al proveedor rodeado del Director General y el Director de Ventas. Por cierto, los otros dos únicos directores de la compañía y socios mayoritarios.

 

Esperaba terminar al fin esta semana de terror puro, mi mente ya no me pertenecía, divagaba sin sentido desde que finalicé, venturosamente, la enredada cuenta herencia de mi antecesor (causa de mi ascenso y su despido); deseaba sólo ir a casa a descansar y dormir hasta el lunes.

 ▬ Nada, ya estamos totalmente de acuerdo ▬ dijo Moreno

▬ Entonces firmemos el visto bueno para finalizar.

Y contestó ▬ Una cosa más, no pueden dejarme solo y aburrido en el hotel hasta el lunes que me devuelvo a Guadalajara, les invito una copa.

 Mis jefes me miraron casi con ternura y el mayor dijo:

 ▬ Nosotros no podemos pero Daniel estará encantado en acompañarte, los primeros tragos van por mi cuenta.

 Moreno ladró ▬  Nuncamente”, ya que Daniel terminó más rápido de lo que todos esperábamos. Este safari lo invito yo.

 Y salimos a la noche con la sorna de mis nuevos socios a mi espalda.

 Con los años Miguel Moreno y yo nos hicimos buenos amigos, pero esta era mi primera salida “ejecutiva” representando a la compañía y con nuestro mayor proveedor.

 Acostumbro no dejar cosas sin decir lo que evita, por lo general, malos entendidos; así que dije ▬ Soy novato en estos menesteres Sr. Moreno así que creo se va a aburrir una enormidad conmigo.

 Se río y de forma estentórea, como todo en él,  dijo ▬ Primero, me llamo Miguel y en segundo lugar, no te preocupes, yo sí tengo la experiencia.

 Y me dio un manotazo en la espalda con una de esas manos inmensas que posee.

 Ya en el estacionamiento sacó uno de esos primeros celulares gigantes y llamó.

▬ Rubén eres hoy el conductor contratado, estoy en…

 Diez minutos después llegó un auto que parecía particular con Rubén y un sinnúmero de botellas y vasos acomodados en un mueble diseñado ex profeso para el auto.

 ▬ Rubén será nuestro guía en este safari que iniciamos ahora ¡A beber! … ¡Salud!...

 

***

A las dos de la mañana después de pasar por un gran número lugares, beber lo que me parecían varios litros de esas botellas de Rubén y pasar por múltiples establecimientos donde las mujeres que encontrábamos eran extremadamente jóvenes e involuntariamente desnudas ya me había acostumbrado al coro de ellas cada vez que hacíamos aparición.

 ▬ Vaya, Miguel, al fin traes carne nueva.

▬ Mira, es joven y bonito.

▬ ¡Tiene cara de estudiante!

 Al final, llegamos a un lugar que parecía una residencia en el área más costosa de la ciudad. Miguel dijo ▬ Este lugar, Daniel, es tan exclusivo que sólo aceptan a la elite y a sus invitados. ¡Tienes suerte de que yo sea miembro!

 Era idéntico a los bares anteriores aunque aquí las mujeres estaban más y mejor vestidas, diría que hasta elegantes.

No parecían pertenecientes al gremio más antiguo del mundo.

 Nos sentamos ante una minúscula mesilla con el espacio suficiente para dos vasos y un cenicero, después de tanto beber me dirigí al baño, que como todos los baños de todos los tugurios de todas las ciudades estaba custodiado por el mesero premiado que solícita y amablemente pide escuálida propina por un servicio que es imaginario.

 Ya en la oscuridad, de vuelta, buscaba afanosamente la mesa y descubrí que Miguel se encontraba ahora con dos mujeres, como había sucedido en los lugares en donde nos detuvimos anteriormente, me esforcé por acércame y ser lo suficientemente educado para rehusar, de nuevo, los favores contratados por el experimentado proveedor.

 Tenía que aceptar que las dos mujeres eran hermosas y sin ninguna traza de mal gusto, sobre todo la trigueña de aproximadamente treinta años y vestida de blanco.

 Levantaron la vista y se pusieron de pie y con la luz al otro lado de la mesa la visión del cuerpo de la trigueña con un faro a sus espaldas fue explosiva.

 ▬ Daniel, nuestras dos amigas han aceptado tomar una copa con nosotros ▬ e inmediatamente después desapareció de mi vista llevando casi a rastras a la mujer de rojo.

 La trigueña, sentada de nuevo, extendió la mano y dijo ▬ Isela, mi nombre es Isela.

 Mano seca y amistosa a la que le seguía un antebrazo sólido y un brazo bien torneado (no se parecía en absoluto a los brazos escuálidos de hoy día), las clavículas visibles pero no protagonistas, un torso redondeado e invitador, una cintura escasa (muy escasa), caderas ingentes y piernas capaces de sostener un templo salónico.

 Hablar con ella era una experiencia,  de ese cuerpo contundente emanaba una voz aguda y dulce de niña de párvulos y la combinación en lugar de repeler atraía profundamente.

 Hablamos de nada casi diez minutos y finalmente dije ▬ Isela yo sé que es tu trabajo y me parece poco amistoso no  decirte que de esta mesa no vamos a pasar.

 Y contestó ▬ No te preocupes, Miguel me dijo que eras difícil y que no me enojara si me mandabas a paseo, hoy no tengo ganas de trabajar y te elegí desde que entraste, así que, relájate.

 No acostumbro sorprenderme de lo que dicen los demás (en general la conversación civilizada es bastante obvia y tediosa) pero esta vez me quedé sin voz.

 A partir de ahí, hablamos.

Hablamos de su hijo con problemas de vista y le recomendé a una amiga terapeuta.

Hablamos del corazón de mi abuela y me proporcionó el teléfono de un “buen cliente” (como dijo ella) que ejercía con buena reputación la cardiología

De sus clientes regulares que le proporcionaban una buena vida.

De mi estrategia para retirarme a los cincuenta y cinco.

De  su ambición de casarse y apaciguar su vida.

De mi sentimiento de no pertenecer a la normalidad.

De sus salidas a lugares como este para aumentar su “cartera”.

De mi inquietud por escribir.

De su avidez por leer

De literatura latinoamericana.

De escritores norteamericanos.

De filosofía hindú.

De la piedra del sol.

De la región más transparente.

Del sótano del Aleph.

De sus treinta y tres años.

De mis treinta y cuatro.

De los hombres, ella con conocimiento.

De las mujeres, yo sin ninguno.

 Pasaron así tres horas casi sin darnos cuenta, sin querer que terminara, con temas pendientes por lo menos para otras dos, con tristeza y con desesperanza.

 

Miguel regresó del lugar por donde había desaparecido con una cara que reflejaba tal satisfacción que resultaba obvia su procedencia.

 Preguntó con esa voz inmensa ▬ A ver, Isela ¿Lograste tu cometido?

Ella contestó ▬ ¡Nunca nadie me había dejado tan satisfecha!

Miguel espetó sorprendido ▬ Entonces.  ¡Cuanto debo por la proeza!

▬ Nada, Miguel, fui tan feliz que no puedo cobrarlo.

Miguel enmudeció y me miró desde ese momento con un respeto que a mi me hacia reír (nunca le dije la verdad) y facilitó para siempre mi trabajo con él.

Al salir ella intercambiamos tarjetas personales con el número de su localizador y uno más para dejar mensajes.

 

***

Después de tantos años, después de visitarla tantas veces en su casa, en algún bar o restaurante, después de compartir tantos momentos; siempre amiga, siempre confidente. Recuerdo ahora el aviso de su boda con aquel hombre adinerado para después hablar como siempre y hacer el amor por primera y única vez.

Esa fue la última ocasión que la vi.

Y ahora, al encontrarla entre algunos papeles viejos, descubro que aún me sorprende el texto de su tarjeta de presentación. Tarjeta que puede olvidarse sobre la mesa del hogar sin causar una hecatombe.

 

 

Dr. Eulógico I.  Sela

 Microbiólogo

512-4848  PIN  2746     Mensajería 556-6754    


Arturo Herrera ©

viernes, agosto 29, 2008

Gazapo

.

Detrás de tu gazapo

hipócrita felina

escondes la mirada

la culpa te domina

.

te encubres tras tus ojos

te ocultas de la vida

no buscas descubierto

y desde atrás conspiras.

.

En historias creíbles

transformas tus mentiras

relames tus heridas

que son auto inflingidas

.

antepones prejuicios,

millares de estulticias

que intolerante enfrentas

a la escuálida razón.

.

Agazapada entonces

rodeas con falsedades

y arrojas fuego griego

hacia la espalda ciega.

.

Detrás de tu gazapo

hipócrita felina

escondes la mirada

la culpa te domina.

.

Arturo Herrera ©

martes, agosto 05, 2008

Evanescente

.

Las puntas de los dedos se entristecen, ya sólo recuerdan tu presencia; lento como el transcurso de la vida, como el viraje sin sentido de un río viejo, acomete el dolor ante tu falta. Las vueltas sobre térmicos sopores de este meandro que nunca aflora al mar; océano que se resiste a ser vejado y amontona arenas en su fuente, así siente la mano tu partida, así el roce se pierde en la memoria. Sin contacto de tus formas, de tus sedas, las sensaciones se cambian por recuerdos y la mente se embota de dolores. El tacto y tu partida son gemelos que se alejan y sienten al idéntico, ya no importa el cuerpo que te imita, mis yemas sólo reconocen tus texturas y el símil que aparece por la paga se da cuenta y se va, como te fuiste. Ya no encuentro en curvas y caídas goce ni placer acrecentado, las migas que se acercan a tentarme se parecen a ti, no son tu cuerpo, les falta tu presencia. Tenías razón, evanescencia, cuando al partir marcaste mi destino: “Tus manos jamás se llenarán con otras formas”, dijiste y el decreto me atormenta desde entonces.


Arturo Herrera ©

miércoles, julio 30, 2008

Vocales

.
¡Que todos los niños
estén muy atentos,
las cinco vocales
van a desfilar!
.
“La marcha de las letras”
Francisco Gabilondo Soler “Cri Cri”

.

Signo perdido (a)

Me descubro unido con el peñón, el nuevo embrujo fue enorme y rudo, mover el cuerpo sin sufrir el recorrido duele, duele mucho.
El declive no es muy obtuso, puedo subir lento e introducirme en el primer orificio que encuentre, pie con pie, pedrusco sobre pedrusco, todo mi cuerpo se funde con el muro y siento el rocoso sudor, el sufrimiento. Lo encontré.
Mi gemelo se percibe preso desde los huesos, el conjuro que lo envuelve es de preceptores, existen numerosos hechizos que puedo esgrimir. No deseo herirlo.
Dirijo el índice con pulcritud, pido que todo se solucione bien y nombro el sortilegio - “Zemposúchil”
1- todo se obscurece, todo se pierde, es un hecho.
Mi heterónimo es libre por fin y si deseo conocer su derrotero sólo se requiere leerlo, mi Némesis fenece cien veces con dolor, lento y seguro. Hoy el signo perenne de mi frente dejó de existir.

1.- Cempoalxochitl (náhuatl): veinte flores -- Cempasúchil: flor del día de muertos

Dádiva divina (e)

Como antaño, Isaac, subió por la misma ruta a la montaña para hablar con su dios, los signos y las palabras así lo indicaban. Las ironías pasadas no lo lastimaban, la antigua duda no lo afligía, ahora, tomaría la dádiva divina.

Aguardó, aguardó y aguardó, acostumbrado a sus ruidosos arribos, a sus nuncios; ya imaginaba su aparición triunfal, los sonidos y las fanfarrias para ilustrar su vigor ultra humano.

Aburrido, imaginaba la cualidad otorgada, un adminículo con magia, un visor adivinatorio, un don para agudizar su vivacidad, un artilugio para dominar almas. Así pasaron minutos, muchos para Isaac, y nada.

Dormitaba y soñaba con los mayúsculos trabajos a cumplir, cómo narraría su aproximación al dios, cuándo mostraría su dádiva astral.

- ¿Isaac?
- Sí, mi dios.
- ¿Listo?
- Sí, mi dios.
-¡Ábrala!

La caja abrazaba a una tablilla con la inscripción “E”.
La dádiva divina.


Amuleto (i)

La mañana del sábado pasaba lentamente en el arroyo, las aguas calmas dejan ver el fondo, algo verdoso destella en lo profundo, me zambullo como flecha hasta el fango para tomar este metal de forma recta. Salgo para encontrar una extraña lanceta en las manos.
Creo que es un objeto sacro, que me protegerá de la maldad, que será amuleto ante la mala suerte y lo coloco, colgado, en el espejo del auto de renta que conduzco.
Paseo mañanas y tardes seguro con este objeto, es patente que posee una naturaleza de portento.
Una noche, sube al carro una hermosa mujer que se enamora del metal, me ofrece pasta por él pero no acepto, me ofrece más y no me someto, baja con el enojo alojado en su pecho. No puedo más. La llamo y le ofrezco un trato.
Su cuerpo por el objeto. Su objeto de deseo por el que ahora me consume.
Me ve con ojos alegres y juguetones y hace fuego con un arma que me destroza la cabeza.
Negrura.
-¡Todo por este objeto de metal que me gustó tanto! - especula la mujer al alejarse del auto con el amuleto.


Azul (o)

El azar camina lentamente y alcanza siempre a las almas intranquilas, se desenvuelve y sale; cambia las circunstancias, se acumula, rueda y se agiganta, así causa la hendidura, fragmenta la inercia, estalla en miles de piezas. Al despertar entendí.

La vivienda era azul, de un azul resplandeciente, la luz se filtraba desde una abertura en la techumbre cubierta de cristales disímiles que hacían difícil calcular su medida. Me sentía atrapada.

¿Y la rueda blanca? Trataba de pensar y las imágenes se negaban a aparecer, libre de ideas la duda dejaba de existir.

Llegué hasta la barranca, me señalaban en la lejanía alguna entidad que percibía débilmente hasta que la vi, espantaba la ausencia de líneas, una bruma gris que caminaba hacia mí.

Grité, grité hasta cansarme y fue inútil. El ente me tragaba entera y, para mi demencia, sin sufrir.

El azar camina lentamente y alcanza siempre a las almas intranquilas, se desenvuelve y sale; cambia las circunstancias, se acumula, rueda y se agiganta, así causa la hendidura, fragmenta la inercia, estalla en miles de piezas. Al despertar entendí.

Nunca más experimentaré pastillas circulares (nuevas substancias) sin amigas y en el retrete de un bar.


Diva (u)

El aposento era el caos, el olor a tabaco y alcohol desbordaba, el final de fiesta siempre es desordenado. Sobre la cama el movimiento acompasado revelaba el hondo dormir de la cantante.

Esta habitación representaba la realización de mi más anhelado deseo, la intimidad con la gran diva; tocarla, besarla lento toda la noche, ahora la poseo. De frente a ella, en el sillón, observo casi extático ese movimiento hipnótico, la hermosa anatomía crece y decrece al ventilarse, la cabellera negra derrama brillos animales, los pies al abrir y cerrar los mínimos dedos acompañan a la respiración con ritmo erótico, el sexo emite aroma de almizcle y tierra prometida.
Algo falta, ese extraño sentimiento de vacío, de cajete, de dolor prometido por trabajo, de presencia perdida, de cadáver. Sólo eso falla, ese ligero espacio para cerrar la brecha y encontrar el ambivalente, amargo y acaramelado sabor de la separación.

El ritmo decae y abres los ojos, la claridad verde me invade y evita mi pensamiento; estiras felina el torso, dos ojos más (ahora rosas) me lesionan; la sábana al caer te revela silenciosa y fenezco; caminas adormilada hacia mi y me besas; ya no soy me pierdo en ti, esta presencia me absorbe y me desvanece.
Así, al final, el sonido del diapasón nos permitió encontrar la clave faltante; cantas para mí al amanecer, la vida es sólo de nosotros, irresponsables.


Nota: Los cinco textos ya están colocados aquí (en el blog) en diferentes fechas, pero nunca en conjunto y esa es la forma en que fueron concebidos. Sólo poseen una cosa en común: en cada uno de ellos se omitió una de las vocales (la señalada entre paréntesis).
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Arturo Herrera ©

miércoles, julio 23, 2008

Odisea, el epílogo

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De frente al mar y con las piernas cruzadas sobre el taburete, Ulises observa como las llamas devoran los restos del barco que lo devolvió a su patria. Todos los recuerdos de esos veinte años se consumen en la pira. De frente al mar imagina su nuevo futuro.

Penélope es autoritaria, gobernó con mano firme y la regencia la cambió en lo básico, dejó de ser sumisa para convertirse en mariscal, lo hizo tan bien sin él que logró mantener el reino, de ella, fuera del alcance de los buitres.

Veinte años de lejanía lo hicieron guerrero y marino y a pocos días del regreso, restaurado su poder y el matrimonio siente el escozor en las plantas de los pies, ese prurito que impele a caminar, a zarpar de nuevo, a vivir.

Aplacado el demonio de la venganza, el rencuentro nocturno fue hermoso, ya no recordaba los detalles del cuerpo de su esposa. En el nuevo, las curvas descienden presurosas hacia los íntimos pliegues que resuman humedad, los pechos heroicos, enhiestos y abundantes, la boca jugosa que brinda abrigo y lanza frases incomprensibles en el idioma de la pasión. Son veinte años de sueños y se reconocen como extraños, se arrinconan en la memoria para descubrir a estos amantes extranjeros que se han apoderado de sus nombres y de sus cuerpos.

¿Qué hacer con este sentimiento de pérdida que se acumula como las cenizas en el fondo de la hoguera? ¿Ya no saldrá al mar? ¿Caminará en tierra firme hasta el fin de sus días?

No podrá permanecer mucho tiempo aquí. Ítaca se vuelve, a pocos días del ansiado regreso, un lugar de destierro, un lugar donde yacer fuera del mundo, fuera de la vida, fuera de su ser.

Mañana, mañana partirá a otras tierras, a fundar la historia. Ulises el héroe.

viernes, julio 11, 2008

La mirada



Al héroe que todos somos sin saberlo.

Ash

El faro es un estoico del mar

un pie en la tierra y la vista

fija en el horizonte.

A.H.

De pie miraba hacia el oriente, hacia el mar y su ojo destellaba vida. Aparecían en los rompientes las pequeñas medusas con su límpida luz orgánica, los peces y pulpos del arrecife competían desdeñosos por la comida.

El agua azul turquesa siempre calma, todos los días, todas las horas, hasta que el viento, sin aviso, comenzaba a correr desenfrenado, cada vez más rápido, cada vez más mortal. Huracán lo llaman los Caribes. Esto sucedía varias veces al año, derramaba odio, derramaba muerte.

Desde que lo destinaron a esta lejana posición sentía que lo habían abandonado, lo habían dejado aquí tan solo, como se sintió en el momento de perder su ojo izquierdo, todos los logros, todas las batallas ya no importaban, ya no era útil.

La tristeza lo acompañaba todo el día, no importaban las mujeres y los niños, las esclavas y los ayudantes, todo lo que había traído desde casa. Era un inútil, no servía para lo que fue educado, para darle honor a su familia, a su pueblo, a su nación.

El sacbe (camino) al pueblo estaba limpio y cuidado, ellos conocían su alcurnia y su linaje, pero no iba, no tenía gana alguna de visitar a estos provincianos; su tristeza lo inmovilizaba.

Aún no llegaba la media cara de plata que cubriría su deformado rostro, los sacerdotes que manejaban el metal tenían mucho trabajo. Ni siquiera pensaba en salir y exponerse a las miradas curiosas; si no fuera príncipe lo habrían ejecutado.

Los blancos estaban ya aquí y había que mantenerlos fuera del imperio.

La leyenda decía que dejarlos entrar a sus dominios equivalía a la desaparición total de su civilización, existía la otra leyenda, la de Kukulkán, la de los niños, esa de bondad y de sabiduría con la que cualquier adulto sabría de inmediato que era pura fantasía.

Llegaban noticias del sur y del poniente, de los pálidos, de su desvergonzada actitud, de su poca o ninguna caballerosidad, de su falta completa de palabra, es la palabra y cumplirla lo único que hace diferente al hombre de los animales.

Su trabajo, si a esto se lo podía llamar trabajo, era hacer encallar esas casas sobre el agua (no tenía otra manera de nombrarlas) de los hombres pálidos y barbados. Encallarlas en el arrecife, mostrarles el camino con luz, con humo, con sonidos, para que pensaran que un poblado estaba cerca y enfilaran sus casas hacia la espada calcárea.

El cortante arrecife rompería las grandes casas sobre el agua, tiraría sus enormes alas de aire y los aterrorizados pálidos saltarían sobre las rocas, rompiéndose ellos mismos, lo que quedara serviría como alimento para los tiburones que en grandes cantidades poblaban de extremo a extremo el atolón.

Cuando el huracán soplaba, su trabajo era aún más fácil, cegadas y mudas por los vientos, las grandes casas sobre el agua, se rompían en mil pedazos, aún antes de tocar el coral, aún antes de sentir el filo de los pólipos. No habría sobrevivientes.

Este trabajo lo hacia sentir inútil, después de ser el mejor y más grande guerrero de la última década. Aquí vivía con lujos, con confort, pero sus recuerdos lo torturaban día con día, lo confrontaban con su futuro, aquí en la pequeñez, en el olvido.

Cómo pasó y en que momento, nadie lo sabía, un día una nave llegó a la playa, tendría a lo sumo cincuenta hombres y bestias inmensas que despedían olores rancios, armas que brillaban y ningún caballero al mando, nadie llevaba plumas o distintivo que lo identificara como jefe o cacique, sólo esclavos y combatientes de bajo nivel.

No importaba, aquí en el extremo del mundo, y mirando al horizonte tendría su guerra final, su despedida. Moriría como mueren los guerreros.

Los dioses, la dualidad, lo habían premiado y pinchaba su brazo con espinas para agradecerlo. Sería lucha última y no importaba si era contra estos descastados, pálidos y sin tatuajes. No importaba.

En el palacio no tendría esta oportunidad, su único ojo lo descalificaba para luchar. Aquí, aquí su palabra era ley, los habitantes del pequeño poblado vivían para darle gusto, sus sirvientes y ayudantes, todos eran versados en las artes guerreras, hasta sus mujeres pelearían si lo pedía.

Tendría su última guerra, no tendría honores ni cabezas, no habría prisioneros ni esclavos adicionales, sería una guerra final, un regalo de despedida.

Los dejó colocarse de espaldas hacia el mar, mandó a los primeros cincuenta y dos hombres por el flanco derecho, las armas brillantes lanzaron fuego y algunos de sus hombres cayeron, mandó otros más por el flanco izquierdo, también murieron muchos, otros huían. Encontró el tiempo que necesitaban los pálidos para hacer que sus armas destellaran. La siguiente carga sería más rápida.

Había vencido, ya sólo vivían ocho pálidos y la mayoría heridos, ahora tomó su arma, tres palmos de madera con cuatro hojas de obsidiana a cada lado, hermosa, mortal y con su habilidad capaz de partir un contrincante de un solo tajo, avanzó con paso calmo, cortó por la mitad al primero, al segundo con su brillante peto le partió las rodillas y su pie hizo lo necesario con la cabeza y la postrer mirada de su único ojo se la dedicó al arcabuz que a un palmo le voló la mitad de su cara.

Al morir su jefe los ayudantes decidieron acabar con los pálidos restantes, el juego final de su amo costó casi trescientas vidas y el guerrero murió como había vivido. En la guerra. El costo no importaba.

Aquí estaba, ya no miraba hacia el oriente ni hacia el mar y su ojo, su único ojo, de media cara contra el suelo, moría.

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Arturo Herrera ©

Imagen; Galeón. Grabado de Alberto Durero

martes, julio 08, 2008

Bardo, rapsoda o vate

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Con ojo atento al sentir humano,
a gemidos que se oyen tras las puertas,
las risas y llantos vistos a trasmano
son los cuños de las crónicas correctas.
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Rapto atrevido de historias a mano,
de ritos ajenos, de calles repletas,
de valles inhóspitos y coros serranos,
descubro sucesos de vidas completas.
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Divinos demonios se muestran alados,
ángeles revelan sus almas oscuras,
luchas intestinas en mares salados
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son constituyentes de intrigas maduras;
y mi pluma dice: ¡han de ser contados!
Un plagio de vida, ficciones seguras.
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Arturo Herrera ©



viernes, julio 04, 2008

Declaro la guerra



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Declaro la guerra en contra de... China.

Los niños congregados alrededor del círculo dibujado con gis sobre la calle, con escaques periféricos cada uno con los nombres de países conocidos, salen corriendo como rayos de una rueda invisible y a velocidades distintas emergen del centro como el universo después de la pequeña partícula.

▬ STOP ▬ dije, y todos se detuvieron, Blanca la niña de la trenza amarilla y motivo de mi distracción era la más lejana y grité ▬ ocho para Rusia ▬ e inicié a contar los pasos que me separaban de ella. Uno…dos…tres… …siete y ocho. Aterricé sobre su pie y pegó un chillido enorme y preguntaba.

▬ ¿Por qué siempre me lastimas? ¡Te odio! ▬ y salió despedida para su casa. Los ojos de sus hermanas me taladraron la espalda pero ya estaba hecho.

* * *

▬ Declaro la guerra en contra de… Maui.

Blanca y sus hermanas salieron disparadas y nosotros quedamos con la boca abierta ante las apariciones suscitadas por el vuelo de sus pequeñas faldas.

▬ ¿Ya te invitaron a sus quince? ▬ preguntó Alberto.

▬ Ya, su mamá me adora desde que le doy clases de álgebra ▬ respondí.

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▬ ¿Binomio cuadrado perfecto?▬ le pregunté con descaro.

▬ ¡No sé, ya te lo dije!

▬ Me debes un beso ▬ y mi manos buscaron con rapacidad sus piernas, su cintura, toda ella ▬ ¿Binomio de Newton?

▬ ¡No sé!

▬ Otro beso y ya van dieciséis, Blanca, a este paso nunca vas a terminar ▬ le dije amablemente mientras deslizaba con habilidad mis manos por debajo de su falda.

▬ ¿Por qué siempre me lastimas? ¡Te quiero!

* * *

▬ Y yo los declaro: Marido y mujer.

Ese fue el inicio de las hostilidades.

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Arturo Herrera ©