jueves, mayo 15, 2008

Las botas II


Sonó el teléfono celular de Dolores y nos avisó a voz en cuello ▬ Es la Britney, tírenle las llaves para que suba.

Justo en el momento que se nos informaba la llegada del escote corrí por el pasillo a gran velocidad para alcanzar el llavero antes que todos y llegué al límite para cruzar la sala y dirigirme al balcón. Me parecía escuchar el rechinar de los dientes del viejo al deslizarme en silencio con mis botas sobre el parquet recién pulido.

Salí al balcón a toda prisa para poder observar desde aquí arriba los pechos de la niña, tal vez, con demasiada prisa. Comencé a sospechar que algo estaba mal al golpear el barandal con la cadera sin detenerme en ese momento, giró el mundo y yo con él. El intervalo que duró mi recorrido hasta el suelo se amplió con cada segundo y me dije ▬ Gómez estás jodido.

Desde treinta metros sobre el suelo podía verme así, con botas, chiquito y ensangrentado. Hacia la derecha, el viejo y el Pecas, con ojos de espanto, trataban de encontrarle sentido a mi mágica desaparición, la Britney, abajo, emitía aullidos descontrolados que, desde mi posición estratégica, permitían ver el vaivén de sus generosos pechos. Dolores llegó al balcón y con extraños movimientos de las manos limpiaba sus lágrimas y recordaba, quizá, las últimas dos semanas de amor desenfrenado.

La vida era fácil, morir lo fue más.

1 comentario:

lichazul...elisa dijo...

eso es morir con las botas puestas!!

dicho muy sarcástico acá en chilito
pero que viene como anillo aldedo:-)

un abracito arturo
como que estás muy muy desaparecido por estos lares