viernes, abril 13, 2007

Festejo certero

mamamamamamamma

Entré al lugar acompañado de amigos, habíamos planeado festejar hasta bajas horas del siguiente día y sabíamos que nos encontraríamos con tres amigas desconocidas que Dodo había contactado.

Al entrar Dodo reconoció inmediatamente a Cantaclaro: Esper, Musa, Rud y yo (Ashh) veníamos por detrás y la encontramos ya sentada en una mesa para ocho, visión en extremo agradable; alta, delgada, ligeramente angulosa con un atractivo extremo y ancestral que recuerda a las mujeres celtas del bosque umbroso.

El lugar era numérico, con mesas colocadas a semejanza del juego de fichas con puntos, lo suficientemente ruidoso para fomentar el ambiente y amablemente silencioso como para, sin levantar la voz de forma excesiva, llevar una conversación medianamente inteligente.

Nos sentamos de forma caballeresca, las mujeres al centro, hablamos de nada y bromeamos de todo por varios minutos que nivelaron el estado de ánimo, se pasaba de una broma audaz a un sonrojo quimérico y de nuevo a otra más simple.

Nos reímos de nuestra desventura y nuestra suerte al vivir (el porcentaje en ese momento era abrumador) aun en la casa materna después de las telúricas separaciones, bromeamos sobre la desventura de la incomunicación, sobre nuestros defectos pírricos y nuestras heráldicas virtudes.

Musa, bella como de costumbre, observaba desde su crítico puesto y desmenuzaba amablemente la situación. Feliz por el estado de las cosas y la llegada desde el mar de un sentimiento.

Esper parecía como desubicado (tal vez las formas de Esperia eran diferentes y pasaba del amarillo al rojo, extrañamente los colores de su bandera) observaba y emitía monosílabos considerados.

Rud despotricaba rudamente de la situación (política, primigenia, selvática o personal) y sonreía amablemente a los deseos de Musa.

Cantaclaro nueva en el grupo se integraba con sonrisas y bromeaba con amabilidad inteligente. Hacía alianzas contra alguno de nosotros y después las deshacía para arremeter contra un tercero que se sorprendía de su habilidad para las asociaciones efímeras.

Dodo, estratégico por costumbre, valoraba la situación preocupado por la disparidad de géneros y estaba listo para utilizar su receptor multimodal para solicitar refuerzos.

Ashh desde mi trinchera desvariaba en ocasiones ruda y más frecuentemente solícita sobre la vida virtual, y sus consecuencias, que nos había unido en esta noche de festejo.

Aparecieron dos bellas, altas y hermosas, que se acercaron y presentaron, después de saludar (de forma cómplice) a Cantaclaro.

Saludé primero a Candy que, como confirmé más adelante, era toda ella risa y simpatía. Me recordaba, sin razón y como halago, a las viejas amigas de la escuela de moda (ninfas clase medieras que buscábamos y esperábamos a la salida de sus clases) en los adolescentes setentas.

Por último Hara con sabiduría y conocimiento en sus ojos orientales y una piel tersa que agradecí al saludarla; ahí, el tiempo se detuvo y sentí ese aire de energía que fluía de su centro hacia mi origen, dulce y empático.

Rud animoso disertaba y acometía con palabras simpáticas, Candy reía y la risa se desmoronaba en dulce, Hara sonreía y ayudaba a mantener ese divertido momento, el resto en contraste sólo escuchábamos a las recién llegadas que hermosas y hambrientas se posesionaron del menú, atacaron con preguntas inverosímiles a la mesera y a la concurrencia, que hasta ese momento se encontraba inapetente, y lograron convertirnos, por magia, en jauría famélica.

Lo que siguió fue una de las mejores horas de diversión entre ocho personas de la que tenga memoria; hablábamos con nuestro vecino, en un momento, y contestábamos al más lejano, en el otro, no entendí nada y creo que nadie lo hizo, aun cuando, el sentimiento general era de amable camaradería y de festejo.

Decidimos cambiar de lugar, una buena aventura nocturna no lo es si no visitas al menos tres lugares en el transcurso de la noche, y escogimos el karaoke de moda. Hara en ese momento avisó que el estado de su corazón no era bueno y que necesitaba descanso urgente para repararlo, no nos acompañó y un sentimiento de tristeza me acompañó el resto de la noche.

Llegamos al lugar de canto ya en desproporción numérica, dos amigas más de Dodo llegaron y se fueron sin pena ni gloria, adujeron estados emocionales contraproducentes y desaparecieron en la noche. Sólo recuerdo la acritud de sus rostros.

Aunque divertido y con muestras de la artística voz de Cantaclaro, de Rud en un estado que en un santiamén se parecía extrañamente al catatónico, de Musa y Esper que en momentos parecían ausentes, de baile que no disfrutaba al menos desde hace dos lustros y que ahora me parecía divertido, de las miradas amables y risueñas de Candy y Cantaclaro y de la divertida solicitud de ayuda para la danza de Dodo. La unísona camaradería y unión de hacia unos momentos se fue desvaneciendo con la madrugada.

Musa y Esper partieron sin dejar rastro y una media hora después salimos a la noche y en homérica caravana citadina, visitando una isla y luego otra, dejamos ilesas a las damiselas y Dodo (el héroe de la noche), estoicamente, repartió ya cercano el amanecer, a los dos guerreros restantes para dar por terminado el festejo certero.

saludos

ah

2 comentarios:

lichazul...elisa dijo...

cuando se tiene la edad y la salud para festejar como lo habeís contado ,bien vale la pena lo comido y lo bailado!!
un abrazo de paz amigo

Vicky dijo...

Arturo
Bueno vine por aqui a ver que habia de nuevo y aun andamos de festejo jaja.
Un fuerte abrazo.