sábado, diciembre 06, 2008

Si pienso en el pasado (completo)

Si pienso en el pasado, como lo he hecho los últimos tiempos, encuentro que mi relación con la literatura ha sido mucho más profunda de lo que imaginaba.

Recordé, por ejemplo, que ya de niño, encontraba la prosa mucho mejor que la correría, descubrir la habilidad de sobrevivir en Robinson, la eterna infancia de Mowlii, Robin héroe y ladrón, Ivanhoe la religión y la armadura, Tarzán y su infinidad de historias, Sandokan y el heroísmo sublime del pirata, el apacible compañerismo de Watson, las lejanas tierras y el budismo en Shangrilá, la inteligencia y perversidad de Richelieu, la madurez de D’Artagan veinte años después; “Llámame Ismael” el críptico novato en Moby Dick, Tom y Huck traviesos disolutos, los globos, la luna, el mar de Verne y el dulce abandono de las campanas en Víctor Hugo.

En contraste, en el primer momento de necesidad invoqué a la poesía y en uno de sus modos más complejos:

Creer que me amas es locura

Reír contigo es mi ilusión

Insisto, te amo con dulzura

Siempre tendrás mi corazón

Te necesito y tu corazón captura

Interminablemente mi pasión

Nada como nuestra aventura

Aventura que no tuvo conclusión.


Por supuesto nunca llegué a leerlo completo, ya tenía sus brazos alrededor de mi cuello y los besos fueron largos y cariñosos; primera relación de años en  mi corta vida; bellos quince de recuerdos dulces donde nada era finito y el amor era para siempre.

También, en ese momento, con un vocabulario mayor y perspectivas diferentes, me volví hacia adentro; el mundo y los amigos eran simples, no encontraba complejidad en las relaciones personales. Los instintos normales; poder, sexo, dinero realizados de la manera más infame, lo más cercano a un destello de inteligencia era el gusto de ellos por la música popular y en la mayoría de las veces, nunca, la que a mi me encantaba.

Aprendí a relacionarme con profanos, siempre en la frontera del desprecio y de la expulsión, así llegaba el momento de renunciar para cambiar de club, de grupo o de escenario, uno tras otro y sin descanso.

Tengo la disculpa, en los primeros años de la adolescencia que sólo deseaba pertenecer y ser aceptado; otra disculpa, el amor, relegaba mi visión del mundo a la enamorada en turno.

Debo decir ahora, a lo lejos, que no hay solución en ningún momento, te descubres y descubres que tu alma gemela sólo existe en la fantasía; tú fantasía.

Tú que con tus bellos ojos miras

al presente, al pasado y al futuro

y vanagloriada en ti, susurres

el orgullo que sientes cuando yo te miro.

De nuevo resultaba, besos y más besos y los rudos desaparecían en silencio, más de un amor con cuatro versos y una estrofa, cambiaba los ojos de verdes a marrones, de bellos a discretos, de fugaces a brillantes.

Para las bellas de corte feminista, terminaba la discusión en besos, que después de recetarme (ella) redondillas terminaba (yo) con el siguiente verso.

La mujer y su pudor

falso y mal intencionado

que defiende y con ardor,

y desmiente a su amado.

Octosílabos dolientes que de queja y cara enjuta, resultaba en dulce aliño, en pudor roto y ardiente lecho.

Se iniciaba un camino de lujo puro, el indiano de Carpentier, el río en dos aspectos, Gabo y sus cien años y Joyce con el doloso dublinenses; la tenebrosa mirada de Insmouth; el ‘sur’ norteño y su dobleces con la frase de doble resonancia del sonido y la furia; un mundo feliz y 1984, ¿futuristas?; la vida sublime y pérfida del mago de Lublin; las viñas de la ira; ana la rusa; metamorfosis; a sangre fría; Vargas Llosa y los perros; Roa Bastos, el supremo. El recurso del supremo patriarca.

Me alejaba cada día de los demás, los que sabía insufribles y que no miraban más allá de sus narices, alcanzar a ver al menos dos pulgadas frente a sus narices era una afrenta y caminaban como rinos con ceguera; cualquier aviso de error se tomaba como cobardía.

Escribir dudaba, todo tenía que ser siempre tan perfecto, tanto miedo de errar y con frecuencia sucedía, las críticas amigas disparaban veneno  de inseguridad  y envidia. La carrera, el material al cesto sin escala.

El escritor naciente necesita el ego de un Mesías, el abandono de la propia realidad y miedos y descubrir que la ilusión es casi tan aguda como el verbo.

Romántica la Brönte, las Austen, erótico el trópico de Miller, la vuelta de tuerca, el circular Elizondo, el contar historias de Zepeda; las novelas  múltiples, Clea, Justine, Mountolive y Baltazar del griego Durell; la otra Justine del mal portado Sade; la búsqueda de Prust;  la hojalata de Grass: multileídos como Puzo, Wallace y West y por supuesto el Yo, Claudio del helénico Graves.

A la tercera vez, descubrí la prosa cuasi poética de Rulfo, dolor en Faulkner, la palabra brillante del austral Borges, los conejos y la autopista de Cortazar;  Sabines y su coronel papá; Ibargüengoitia y sus relámpagos; Paz, este Paz y su Garro (mejor cuentista que persona; ella y él), laberintos y desamor; Cuesta, Villaurrutía, Novo, Huerta y Pellicer.

Aquí y de improviso se aparecen monjes y fantasmas que de correctos y ordenados me descubren el mundo del sentir, la musa Inés, San Juan, Góngora y Quevedo juntos en la letra y odiándose en la vida. Sonetos que de suerte apenas cumplen la oncena, así catorce veces y consonante entera.

Palabras, casi heráldicas en mi vida, de Quevedo y de sor Juana:

Si me hubieran los miedos sucedido

como me sucedieron los deseos,

los que son llantos hoy fueran trofeos:

¡mirad el ciego error en que he vivido! 

Con mis aumentos propios me he perdido;

las ganancias me fueron devaneos;

consulté a la Fortuna mis empleos,

y en ellos adquirí pena y gemido.

Perdí, con el desprecio y la pobreza,

la paz y el ocio; el sueño, amedrentado,

se fue en esclavitud de la riqueza.

Quedé en poder del oro y del cuidado,

sin ver cuán liberal Naturaleza

da lo que basta al seso no turbado.

Mira Francisco, imagina a un joven (apenas veintitantos) descubrir la ira contenida del fénix y sus palabras colocadas en el lugar exacto para dar el mayor golpe al intelecto.

De las redondillas sin duda las dos mejores:

Parecer quiere el denuedo

de vuestro parecer loco

el niño que pone el coco

y luego le tiene miedo.

¿Qué humor puede ser más raro

que el que, falto de consejo,

él mismo empaña el espejo,

y siente que no esté claro?

De Juana Inés los dos y de su propia exactitud;  no tienen desperdicio.

De nuevo a la prosa y me encontré con el infantil y dulce decir de Asimov, el ánomo de Vance, los libros dolientes de Bradbury,  las dormilonas ovejas de Phil, y Clarke siempre Clarke hasta el 2001; de los valientes detectives; desde el desconcertado viajante de Poe, el amoroso Magritte y el insufrible Poirot, el  duro Marlow de Gardner hasta el durísimo Spade de Hammett; el brinco fue, sin sentir, directo a la Hellman, Pentimento; y al reducto propio de la Wolf.

El anhelo de encontrar mujer versada se golpeaba de frente contra la realidad, a nadie le importaba las letras como tales, eran sólo herramientas de trabajo y de sustento, falta tiempo me decían para gustar del arte sinhonorarios. Salto de encuentro sobre encuentro a mendigar amor a su manera.

En brillante día me encuentro con el sol. Rubio rulo y mente portentosa, alma gemela que de durar más tiempo de auto combustión súbita se hubiese  inmolado; los denarios llegaban por docenas, la vida sonreía sin miedos ni codicia, las luces de los libros eran mejores, habladas con alguien que te amaba siempre, te entendía mejor y te sorprendía con su discurso.

Duró poco y con su muerte fue flamígero; al terminar quede solo, con cara de perplejo, ese día envejecí y ahora, ya decrépito, recuerdo el tiempo del sol y su cohorte como sueño anticipado del dulce paraíso.

A partir de ahí, y sin disculpa, sólo fue mantenerme en el tinglado, estar sin encontrarme, vivir de a poco y tratar de encontrar en el remedo; un poco de calor y un suspiro.

Después se sucedieron en cascada cercanas muertes y dolores, doliente salía y muerte llegaba, de una, de dos y casi la media docena alcanzaba.

Decidí tomarme un descanso de la vida, tomé a Freud, a Fromm y hasta los arquetipos, me concentré en los mundos galileanos, fui a la luna en cohete von brauniano, encontré en el pársec la medida de mi pena.

Me mentí, me escondí y novia tuve, años de amor pequeño y me dejé llevar y hubo certero casamiento, fallé y nunca dije de mi muerte anticipada, del dolor de vivir y desde luego, el amor se convirtió en congoja y al no sentirse bien amada la consorte enfocó sus baterías en la tristeza y la muerte propia no llegaba.

La guadaña se ensañó en los hijos, uno, dos, tres y por milagro no tomo al cuarto ya por último. Esos daños destruyeron piso a piso el edificio conyugal y a los ojos de ella el único culpable era mi abismo. Era cierto.

Otelo, Macbeth, Hamlet, Edipo, tragedias todas, me gustaban, las buscaba; obras obscuras que no encontraban al final un dulce destino y fui a Poe, a Hawthorne, a Magog, a Fausto, a Lovecraft;  siempre regresaba a Lovecraft. Trataba de encontrar algo más lóbrego y descubrí la Historia; nada más triste, mortal y oscuro que la Historia.

Me embarqué en las aguas del cinismo al descubrir América, caminé por las calles de Micenas ya muerta, envenené a un faraón egipcio que pensaba que dios sólo hay uno, destruí por completo el ecosistema en Teotihuacán o fue en la selva Maya o en la isla de Pascua (no recuerdo), abrí la carta que ordenaba matar a cualquier templario que viviese en las inmediaciones, corrí dos culturas de mis tierras por creer que sus dioses no eran buenos, quemé mujeres en la hoguera por el solo hecho de pensar distinto (perdón, de pensar), entré al horno en Auschwitz donde se decía que el trabajo dignifica y sentí los rayos gama de Hiroshima, comí personas en los Andes, maté soldados en Vietnam y tiré la estatua de Saddam en Babilonia.

Era el paraíso: la bajeza, la estulticia reinaban en la Historia y yo con mi talante me alegraba encontrar que los demás sufrían en todas las edades de la tierra.

No podía seguir así, tome dos caminos: el primero, leer más a Neruda, Benedetti, de nuevo a Sabines, encontrar amor en Dante, en los tiempos del cólera; y segundo, entrar en terapia que fue la decisión más difícil de todas, me dejo sin oportunidad de seguir sufriendo sin sentir y sin sentido.

El resultado fue un duro divorcio y un amado hijo al que ahora le puedo contar mis experiencias, sufrirá un poco pero al final amoroso queda.

De nuevo encuentro belleza y la disfruto, encuentro cariño y me entrego,en ocasiones disoluto, doy y recibo que es la marea del alma y del amor; cambio espejos brillantes por sonrisas cálidas.

Busco amor, de todo me burlo un poco e invoco a los eternos:

‘He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz…’    (seudo Borges).

‘Pues bien, yo necesito decirte que te quiero, decirte que te adoro…’ (Acuña).

 ‘Puedo escribir los versos más tristes esta noche, escribir, por ejemplo, la noche está estrellada y…’ (Neruda).

‘O sea, resumiendo estoy jodido y radiante, quizá más lo primero que lo segundo y también, viceversa…’ (Benedetti).

Pasan los años, lentos y clementes.

Amores como torrentes tumultuosos o como meandros suaves que endulzan el sentido; son exactos empiezan y terminan justo en su momento.

Me encuentro divertido y lo muestro en el discurso:


Me devolví a la vida y al estudio, reencuentro a Faulkner, a la arena y al viejo con Hemingway, disfruto el dulce café y el callejón de Mahfuz,  retomo a Huxley,  a Rulfo y a Arreola, duermo con historias de Taibo II, Borges me conmueve, Cortázar me deslumbra, Jardiel me desternilla, hay nuevas y nuevas historias, todas las posibles las encontraré y las que no. ¿Acaso, el tiempo es infinito? No, el tiempo pasa. ‘As time goes by; the world will always welcome lovers, as time goes

by’.

Otro día escribiré de mi afición al cine y a la música.

Escribir desde dentro y sin reparos, me encuentro solo pero no en el desamparo y garabateo prosa y versos que de ser, son de  humor escéptico, amor de dentro y risa intrigante y misteriosa; descubro que el camino fue difícil y escarpado y ahora de bajada la planicie es bella, verde y luminosa.


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miércoles, noviembre 26, 2008

¿Y ahora?

Te sepulté,  ¿y ahora?
No tengo nada preparado, los días se dejarán venir sin tregua y los dejaré pasar sin ruido, no tengo nada preparado.
¿Qué hacer con el baúl de los recuerdos?  Ahí está tu cuarzo rosa, el amoroso; tu cámara Minolta, la hacedora de instantes; el lazo de ‘Respingo’, tu caballo de niña. ¿Qué hacer con esas cosas que sólo significan con tu presencia?
Ayer me dije -¡cálmate!- y salí a caminar por las aceras.
Mi mano, infructuosa, buscó la tuya en algún lado; mi hombro se perdió al no encontrar la dirección marcada por el tuyo; abrí la puerta del pequeño café, invariable,  y no pasaste junto a mí, ¿a quién espero?
De vuelta, sin encontrar aún tu mano el camino se hizo diferente, giré antes del destino y me encontré en un lugar extraño, un laberinto, a sólo cuatro calles del terruño.
Ahogado y sin resuello llegué al hogar y me tumbé en la cama, llanura inverosímil que perdió las cordilleras de tu cuerpo, a esperar la luz, al día, que será oscuro sin tus besos.
Te sepulté, ¿y ahora?

Arturo Herrera ©

sábado, noviembre 01, 2008

LA LUPA

Si observo mi obra, casi todo está hecho, todo es sincrónico y dúctil. Pero en algunos instantes algo parece desencajar, algo atora el mecanismo y lo lentifica. Es en esos momentos que tomo mi lupa, la lupa universal, y escudriño en lo minúsculo.

Acerco mi vieja cara al artefacto, oigo y observo.

 

Con lentitud mi lupa magnifica lo pequeño, descubro esos seres que deambulan en fila uno detrás de otro, ese nido evita el buen funcionamiento, amplifico más para hacer individuales los amasijos de vida y descubro que son muchos más de los que imaginaba, veo su devenir que parece caótico y comienzo a percibir el murmullo que producen.

 

Me acerco, los veo reunidos y su ruido se va haciendo inteligible. Escucho atento.

 

▬ Padre nuestro que estás en los cielos…

lunes, octubre 20, 2008

a-te-o :: o-te-a :::: dog :: god

.

Si contesto con razón
a tu silencio
me acusarán de loco
las consciencias.

.

Si en cambio me uno a la demencia

tu voz se escuchará en los resquicios

aunque es insano, no habrán acusaciones

y pareceré cuerdo ante tus juicios.

.

Cuando tu voz es de fuerza abrumadora

mi locura se incrementa en resonancia

y se esfuma el prejuico de los otros

hasta ser uno más de tu rebaño.

.

Así, vivo días y noches divagando

si pertenezco o no a tu palabra.

Cuando quedo en el redil, odio mi suerte,

y prófugo y feliz, sé que no existes.

.

¿De lo otros? Lo sé. Viven su suerte,

y me uno escasamente a sus vivencias

ante la circunstancia, que es azar y no destino

te lloran y te ruegan indulgencias

.

La verdad así se me señala,

del mismo modo que tú a tus creyentes,

no hay más allá, es sólo este momento

y este vacío, al fin, me reconforta.

.

jueves, octubre 09, 2008

Coherencia

.

Estoy que grito de sonrisa y de coraje.

¿Qué pasó con la luz?

¿La inteligencia?

Estoy que lloro de coherencia.

 .

No salen palabras de mi lápiz

ni ofrece la hoja abrigo al fuego

de esta mi rabia iridiscente,

que agrieta mi burla, mi coraje.

 .

¿La luz y la razón

ya se han perdido?

Y trémulo preguntas me suscito.

 .

 ¿Qué pasó con la luz?

¿La inteligencia?

Estoy que lloro de indulgencia.

.

martes, octubre 07, 2008

Tlaltelolco 68, Jaime sabines


1

 .

Nadie sabe el número exacto de los muertos,

ni siquiera los asesinos,

ni siquiera el criminal.

(Ciertamente, ya llegó a la historia

este hombre pequeño por todas partes,

incapaz de todo menos del rencor.)

 .

Tlaltelolco será mencionado en los años que vienen

como hoy hablamos de Río Blanco y Cananea,

pero esto fue peor,

aquí han matado al pueblo;

no eran obreros parapetados en la huelga,

eran mujeres y niños, estudiantes,

jovencitos de quince años,

una muchacha que iba al cine,

una criatura en el vientre de su madre,

todos barridos, certeramente acribillados

por la metralla del Orden y Justicia Social.

 .

A los tres días, el ejército era la víctima de los desalmados,

y el pueblo se aprestaba jubiloso

a celebrar las Olimpiadas, que darían gloria a México.

 .

2

 .

El crimen está allí,

cubierto de hojas de periódicos,

con televisores, con radios, con banderas olímpicas.

 .

El aire denso, inmóvil,

el terror, la ignominia.

alrededor las voces, el tránsito, la vida.

Y el crimen está allí.

 .

3

 .

Habría que lavar no sólo el piso; la memoria.

Habría que quitarles los ojos a los que vimos,

asesinar también a los deudos,

que nadie llore, que no haya más testigos.

Pero la sangre echa raíces

y crece como un árbol en el tiempo.

La sangre en el cemento, en las paredes,

en una enredadera: nos salpica,

nos moja de vergüenza, de vergüenza, de vergüenza.

 .

La bocas de los muertos nos escupen

una perpetua sangre quieta.

 .

4

.

Confiaremos en la mala memoria de la gente,

ordenaremos los restos,

perdonaremos a los sobrevivientes,

daremos libertad a los encarcelados,

seremos generosos, magnánimos y prudentes.

 .

Nos han metido las ideas exóticas como una lavativa,

pero instauramos la paz,

consolidamos las instituciones;

los comerciantes están con nosotros,

los banqueros, los políticos auténticamente mexicanos,

los colegios particulares,

las personas respetables.

Hemos destruido la conjura,

aumentamos nuestro poder:

ya no nos caeremos de la cama

porque tendremos dulces sueños.

 .

Tenemos Secretarios de Estado capaces

de transformar la mierda en esencias aromáticas,

diputados y senadores alquimistas,

líderes inefables, chulísimos,

un tropel de putos espirituales

enarbolando nuestra bandera gallardamente.

 .

Aquí no ha pasado nada.

Comienza nuestro reino.

.

5

 .

En las planchas de la Delegación están los cadáveres.

Semidesnudos, fríos, agujereados,

algunos con el rostro de un muerto.

Afuera, la gente se amontona, se impacienta,

espera no encontrar el suyo:

"Vaya usted a buscar a otra parte."

 .

6

 .

La juventud es el tema

dentro de la Revolución.

El gobierno apadrina a los héroes.

El peso mexicano está firme

y el desarrollo del país es ascendente.

Siguen las tiras cómicas y los bandidos en la televisión.

hemos demostrado al mundo que somos capaces,

respetuosos, hospitalarios, sensibles

(¡Qué Olimpiada maravillosa!),

y ahora vamos a seguir con el "Metro"

porque el progreso no puede detenerse.

 .

La mujeres, de rosa,

los hombres, de azul cielo,

desfilan los mexicanos en la unidad gloriosa

que constituye la patria de nuestros sueños.

.

lunes, septiembre 29, 2008

Manual de egonomía I


Sábado 27 de septiembre "El Ágora" del Parque Naucalli

Todos estabamos invitados por Fernando a la lectura del grupo que coordina Elisena (Maga blanca) con el maestro Odilón : El grupo Urawa... y disfrutamos las lecturas de Roberto Omar, Elías Dávila, el propio Odilón y un par de escritores toluqueños más (Disculpen la falta de apellidos y los nombres de los otros dos amigos pero soy muy despistado).  Por el Congal sólo aparecimos Natalia y yo.
La lectura fue multitudinaria (veinte almas, niños incluidos). El rumor sobre mi timidez quedó confirmado.

No queda más que decir, sólo que me divertí mucho. 

(Camarógrafa y sonidista: Natalia Olvera)

domingo, septiembre 21, 2008

Microbiología

Corrían los años anteriores al error, la vida era difícil pero no como llegó a ser después. Justo a la mitad de mi tercera década, la posición que disfrutaba en el trabajo era óptima (promovido a una dirección administrativa y con un paquete accionario que me convertía en uno de los tres socios) y las mieles del éxito comenzaban a tocarme.

 Era viernes y la llegada de un proveedor que venía de una ciudad de occidente nos atrasaba la salida.

 ▬ Sr. Moreno los saldos y los descuentos de su cuenta ya están completos. ¿Desea otra cosa?  ▬ Le dije al proveedor rodeado del Director General y el Director de Ventas. Por cierto, los otros dos únicos directores de la compañía y socios mayoritarios.

 

Esperaba terminar al fin esta semana de terror puro, mi mente ya no me pertenecía, divagaba sin sentido desde que finalicé, venturosamente, la enredada cuenta herencia de mi antecesor (causa de mi ascenso y su despido); deseaba sólo ir a casa a descansar y dormir hasta el lunes.

 ▬ Nada, ya estamos totalmente de acuerdo ▬ dijo Moreno

▬ Entonces firmemos el visto bueno para finalizar.

Y contestó ▬ Una cosa más, no pueden dejarme solo y aburrido en el hotel hasta el lunes que me devuelvo a Guadalajara, les invito una copa.

 Mis jefes me miraron casi con ternura y el mayor dijo:

 ▬ Nosotros no podemos pero Daniel estará encantado en acompañarte, los primeros tragos van por mi cuenta.

 Moreno ladró ▬  Nuncamente”, ya que Daniel terminó más rápido de lo que todos esperábamos. Este safari lo invito yo.

 Y salimos a la noche con la sorna de mis nuevos socios a mi espalda.

 Con los años Miguel Moreno y yo nos hicimos buenos amigos, pero esta era mi primera salida “ejecutiva” representando a la compañía y con nuestro mayor proveedor.

 Acostumbro no dejar cosas sin decir lo que evita, por lo general, malos entendidos; así que dije ▬ Soy novato en estos menesteres Sr. Moreno así que creo se va a aburrir una enormidad conmigo.

 Se río y de forma estentórea, como todo en él,  dijo ▬ Primero, me llamo Miguel y en segundo lugar, no te preocupes, yo sí tengo la experiencia.

 Y me dio un manotazo en la espalda con una de esas manos inmensas que posee.

 Ya en el estacionamiento sacó uno de esos primeros celulares gigantes y llamó.

▬ Rubén eres hoy el conductor contratado, estoy en…

 Diez minutos después llegó un auto que parecía particular con Rubén y un sinnúmero de botellas y vasos acomodados en un mueble diseñado ex profeso para el auto.

 ▬ Rubén será nuestro guía en este safari que iniciamos ahora ¡A beber! … ¡Salud!...

 

***

A las dos de la mañana después de pasar por un gran número lugares, beber lo que me parecían varios litros de esas botellas de Rubén y pasar por múltiples establecimientos donde las mujeres que encontrábamos eran extremadamente jóvenes e involuntariamente desnudas ya me había acostumbrado al coro de ellas cada vez que hacíamos aparición.

 ▬ Vaya, Miguel, al fin traes carne nueva.

▬ Mira, es joven y bonito.

▬ ¡Tiene cara de estudiante!

 Al final, llegamos a un lugar que parecía una residencia en el área más costosa de la ciudad. Miguel dijo ▬ Este lugar, Daniel, es tan exclusivo que sólo aceptan a la elite y a sus invitados. ¡Tienes suerte de que yo sea miembro!

 Era idéntico a los bares anteriores aunque aquí las mujeres estaban más y mejor vestidas, diría que hasta elegantes.

No parecían pertenecientes al gremio más antiguo del mundo.

 Nos sentamos ante una minúscula mesilla con el espacio suficiente para dos vasos y un cenicero, después de tanto beber me dirigí al baño, que como todos los baños de todos los tugurios de todas las ciudades estaba custodiado por el mesero premiado que solícita y amablemente pide escuálida propina por un servicio que es imaginario.

 Ya en la oscuridad, de vuelta, buscaba afanosamente la mesa y descubrí que Miguel se encontraba ahora con dos mujeres, como había sucedido en los lugares en donde nos detuvimos anteriormente, me esforcé por acércame y ser lo suficientemente educado para rehusar, de nuevo, los favores contratados por el experimentado proveedor.

 Tenía que aceptar que las dos mujeres eran hermosas y sin ninguna traza de mal gusto, sobre todo la trigueña de aproximadamente treinta años y vestida de blanco.

 Levantaron la vista y se pusieron de pie y con la luz al otro lado de la mesa la visión del cuerpo de la trigueña con un faro a sus espaldas fue explosiva.

 ▬ Daniel, nuestras dos amigas han aceptado tomar una copa con nosotros ▬ e inmediatamente después desapareció de mi vista llevando casi a rastras a la mujer de rojo.

 La trigueña, sentada de nuevo, extendió la mano y dijo ▬ Isela, mi nombre es Isela.

 Mano seca y amistosa a la que le seguía un antebrazo sólido y un brazo bien torneado (no se parecía en absoluto a los brazos escuálidos de hoy día), las clavículas visibles pero no protagonistas, un torso redondeado e invitador, una cintura escasa (muy escasa), caderas ingentes y piernas capaces de sostener un templo salónico.

 Hablar con ella era una experiencia,  de ese cuerpo contundente emanaba una voz aguda y dulce de niña de párvulos y la combinación en lugar de repeler atraía profundamente.

 Hablamos de nada casi diez minutos y finalmente dije ▬ Isela yo sé que es tu trabajo y me parece poco amistoso no  decirte que de esta mesa no vamos a pasar.

 Y contestó ▬ No te preocupes, Miguel me dijo que eras difícil y que no me enojara si me mandabas a paseo, hoy no tengo ganas de trabajar y te elegí desde que entraste, así que, relájate.

 No acostumbro sorprenderme de lo que dicen los demás (en general la conversación civilizada es bastante obvia y tediosa) pero esta vez me quedé sin voz.

 A partir de ahí, hablamos.

Hablamos de su hijo con problemas de vista y le recomendé a una amiga terapeuta.

Hablamos del corazón de mi abuela y me proporcionó el teléfono de un “buen cliente” (como dijo ella) que ejercía con buena reputación la cardiología

De sus clientes regulares que le proporcionaban una buena vida.

De mi estrategia para retirarme a los cincuenta y cinco.

De  su ambición de casarse y apaciguar su vida.

De mi sentimiento de no pertenecer a la normalidad.

De sus salidas a lugares como este para aumentar su “cartera”.

De mi inquietud por escribir.

De su avidez por leer

De literatura latinoamericana.

De escritores norteamericanos.

De filosofía hindú.

De la piedra del sol.

De la región más transparente.

Del sótano del Aleph.

De sus treinta y tres años.

De mis treinta y cuatro.

De los hombres, ella con conocimiento.

De las mujeres, yo sin ninguno.

 Pasaron así tres horas casi sin darnos cuenta, sin querer que terminara, con temas pendientes por lo menos para otras dos, con tristeza y con desesperanza.

 

Miguel regresó del lugar por donde había desaparecido con una cara que reflejaba tal satisfacción que resultaba obvia su procedencia.

 Preguntó con esa voz inmensa ▬ A ver, Isela ¿Lograste tu cometido?

Ella contestó ▬ ¡Nunca nadie me había dejado tan satisfecha!

Miguel espetó sorprendido ▬ Entonces.  ¡Cuanto debo por la proeza!

▬ Nada, Miguel, fui tan feliz que no puedo cobrarlo.

Miguel enmudeció y me miró desde ese momento con un respeto que a mi me hacia reír (nunca le dije la verdad) y facilitó para siempre mi trabajo con él.

Al salir ella intercambiamos tarjetas personales con el número de su localizador y uno más para dejar mensajes.

 

***

Después de tantos años, después de visitarla tantas veces en su casa, en algún bar o restaurante, después de compartir tantos momentos; siempre amiga, siempre confidente. Recuerdo ahora el aviso de su boda con aquel hombre adinerado para después hablar como siempre y hacer el amor por primera y única vez.

Esa fue la última ocasión que la vi.

Y ahora, al encontrarla entre algunos papeles viejos, descubro que aún me sorprende el texto de su tarjeta de presentación. Tarjeta que puede olvidarse sobre la mesa del hogar sin causar una hecatombe.

 

 

Dr. Eulógico I.  Sela

 Microbiólogo

512-4848  PIN  2746     Mensajería 556-6754    


Arturo Herrera ©